{"id":202407,"date":"2026-10-29T09:01:57","date_gmt":"2026-10-29T12:01:57","guid":{"rendered":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/?p=202407"},"modified":"2026-10-29T09:24:41","modified_gmt":"2026-10-29T12:24:41","slug":"loro-coiron-y-el-valor-de-uso-de-la-ciudad-puerto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/2026\/10\/29\/loro-coiron-y-el-valor-de-uso-de-la-ciudad-puerto\/","title":{"rendered":"Loro Coir\u00f3n y el valor de uso de la ciudad puerto"},"content":{"rendered":"<p>La muerte de Loro Coir\u00f3n deja a Valpara\u00edso con una ausencia dif\u00edcil de llenar. No solo desaparece un artista que durante d\u00e9cadas dibuj\u00f3 y grab\u00f3 sus cerros, sus calles y sus habitantes. Tambi\u00e9n se despide una mirada: una forma de comprender la ciudad desde aquello que muchas veces permanece fuera de las postales, de los discursos oficiales y de las im\u00e1genes cuidadosamente compuestas para consumo tur\u00edstico.<\/p>\n<p>Loro Coir\u00f3n nos acerc\u00f3 al valor de uso de Valpara\u00edso como ciudad Patrimonio de la Humanidad. Nos record\u00f3 que el patrimonio no est\u00e1 \u00fanicamente en las fachadas, en las l\u00edneas arquitect\u00f3nicas, en los ascensores, en las plazas o en la singularidad de su emplazamiento. Est\u00e1, sobre todo, en la vida que ocurre en esos lugares y que les confiere sentido. Valpara\u00edso no es patrimonio porque sus edificios sean antiguos, pintorescos o visualmente atractivos. Lo es porque, en ellos y entre ellos, generaciones de personas han construido sus experiencias, sus v\u00ednculos, sus trabajos, sus memorias y sus formas de habitar.<\/p>\n<p>Su obra nos invit\u00f3 a mirar a quienes hacen posible la ciudad. A las personas que suben y bajan diariamente por los cerros; a quienes abren temprano sus negocios; a quienes reparan, venden, transportan, cocinan, limpian, cantan, conversan y esperan. A los trabajadores del puerto, a los comerciantes, a los pescadores, a los vendedores ambulantes, a los artesanos, a los m\u00fasicos, a los vecinos y a las familias que han aprendido a orientarse en una geograf\u00eda dif\u00edcil, pero profundamente propia. En sus grabados aparecen los oficios, las pr\u00e1cticas y las costumbres que transforman un conjunto de calles y construcciones en una ciudad vivida.<\/p>\n<p>Esa mirada resulta especialmente necesaria en tiempos en que el patrimonio corre el riesgo de ser reducido a una escenograf\u00eda. Con frecuencia, la preocupaci\u00f3n por la conservaci\u00f3n se concentra en la apariencia de los inmuebles, en la pureza de sus estilos o en la recuperaci\u00f3n de una imagen supuestamente original. Se privilegia una visi\u00f3n inm\u00f3vil, casi de vitrina, que observa la arquitectura como un objeto separado de quienes la utilizan. As\u00ed, el patrimonio se vuelve una imagen para contemplar, pero deja de ser un espacio para vivir.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos llamar a esta tendencia una idolatr\u00eda de la forma: una atenci\u00f3n desmedida a lo visible, a lo antiguo y a lo estil\u00edsticamente reconocible, que termina ocultando la dimensi\u00f3n humana de los lugares. No se trata de negar la importancia de la arquitectura ni de desconocer el valor hist\u00f3rico de los edificios. Se trata de comprender que una ciudad no se agota en sus formas. Una fachada puede ser hermosa, pero su significado se empobrece cuando se la separa de la vida que la rodea; un edificio puede poseer un gran valor hist\u00f3rico, pero pierde parte de su sentido cuando ya no acoge actividades, relaciones y memorias.<\/p>\n<p>El patrimonio cultural no es una posesi\u00f3n que una comunidad guarda celosamente para s\u00ed misma. Es una responsabilidad compartida. No lo recibimos para encerrarlo, congelarlo o administrarlo como si fuera un objeto perteneciente al pasado. Lo heredamos para mantenerlo vivo y entregarlo a quienes vendr\u00e1n. Por eso, conservar no puede significar \u00fanicamente impedir el deterioro material. Tambi\u00e9n significa cuidar las condiciones que permiten que las personas sigan habitando, trabajando, creando y reconoci\u00e9ndose en sus barrios.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed aparece con fuerza la noci\u00f3n de valor de uso. Un patrimonio tiene valor de uso cuando contin\u00faa siendo significativo para la vida cotidiana; cuando sirve para reunirse, educarse, trabajar, celebrar, recordar y construir comunidad. Ese valor no siempre se expresa en t\u00e9rminos econ\u00f3micos ni puede medirse solo por la antig\u00fcedad de una construcci\u00f3n. Se manifiesta en la relaci\u00f3n entre las personas y los lugares, en las pr\u00e1cticas que all\u00ed se desarrollan y en la posibilidad de que nuevas generaciones encuentren en ellos un espacio para vivir dignamente.<\/p>\n<p>Loro Coir\u00f3n comprendi\u00f3 esa dimensi\u00f3n de Valpara\u00edso y la hizo visible. Sus obras no presentan una ciudad vac\u00eda, preparada para ser admirada desde la distancia. Presentan una ciudad habitada, contradictoria, trabajadora, festiva, fr\u00e1gil y persistente. Una ciudad que no existe solamente en sus monumentos, sino en el modo en que sus habitantes la recorren, la nombran, la transforman y la recuerdan.<\/p>\n<p>Su aporte fue tambi\u00e9n una forma de resistencia frente a la simplificaci\u00f3n. All\u00ed donde algunos solo ven deterioro, \u00e9l encontr\u00f3 historias. All\u00ed donde otros buscan una postal, \u00e9l descubri\u00f3 un rostro. All\u00ed donde se impone una mirada exclusivamente arquitect\u00f3nica, \u00e9l restituy\u00f3 la experiencia humana. Sus grabados nos ense\u00f1an que el patrimonio no est\u00e1 compuesto \u00fanicamente por bienes, sino tambi\u00e9n por relaciones; no solo por edificios, sino por modos de vida; no solo por formas heredadas, sino por pr\u00e1cticas que siguen dando sentido al presente.<\/p>\n<p>Valpara\u00edso necesita pol\u00edticas patrimoniales capaces de asumir esa complejidad. La protecci\u00f3n de sus inmuebles debe articularse con la protecci\u00f3n de sus habitantes. No tiene sentido restaurar fachadas mientras se expulsan las comunidades que les daban vida; ni recuperar edificios sin considerar los oficios, las actividades y las redes sociales que hist\u00f3ricamente los sostuvieron. Una pol\u00edtica patrimonial verdaderamente democr\u00e1tica debe preguntarse no solo qu\u00e9 se conserva, sino para qui\u00e9n, para qu\u00e9 y en qu\u00e9 condiciones.<\/p>\n<p>El legado de Loro Coir\u00f3n nos convoca, entonces, a ampliar la mirada. A comprender que la belleza de Valpara\u00edso no reside \u00fanicamente en su arquitectura ni en su paisaje, sino en la capacidad de sus habitantes para producir vida en medio de la pendiente, del viento, de la precariedad y de la esperanza. La ciudad patrimonial no es una pieza detenida en el tiempo. Es una comunidad que cambia, que recuerda, que crea y que disputa el derecho a seguir habitando su propia historia.<\/p>\n<p>Gracias, Loro, por mostrarnos esa dimensi\u00f3n humana y viva del patrimonio cultural. Gracias por ense\u00f1arnos que mirar una ciudad es tambi\u00e9n mirar a quienes la hacen posible. Gracias por recordarnos que aquello que estamos llamados a cuidar no es una colecci\u00f3n de objetos para conservar celosamente, como si fueran propiedad de nuestro ego\u00edsmo, sino un bien com\u00fan que debemos mantener vivo para heredarlo.<\/p>\n<p>Porque Valpara\u00edso no ser\u00e1 patrimonio mientras solo lo contemplemos. Lo ser\u00e1 mientras sus habitantes puedan seguir vivi\u00e9ndolo, trabajando en \u00e9l, recorri\u00e9ndolo, celebr\u00e1ndolo y transmitiendo sus memorias. Ese es, quiz\u00e1, el mayor aprendizaje que nos deja Loro Coir\u00f3n: que una ciudad se conserva verdaderamente cuando su vida contin\u00faa.<\/p>\n<p><strong>Dr. Arq. Marco Mu\u00f1oz del Campo<\/strong><br \/>\nAcad\u00e9mico del Doctorado en Ciencias Sociales<br \/>\nUniversidad de Playa Ancha<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Columna de opini\u00f3n del acad\u00e9mico del Doctorado en Ciencias Sociales, Marco Mu\u00f1oz del Campo.<\/p>\n","protected":false},"author":10,"featured_media":202410,"comment_status":"closed","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[44,85],"tags":[],"class_list":["post-202407","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-opinion","category-postgrados"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202407","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/users\/10"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=202407"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202407\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":202409,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/202407\/revisions\/202409"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media\/202410"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=202407"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=202407"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/upla.cl\/noticias\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=202407"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}