El 8 de marzo conmemoramos el Día Internacional de la Mujer, con ello, el movimiento feminista nacional e internacional trae al presente dolorosos hechos del pasado que son parte de una historia a la que pertenecemos.
Los orígenes de la conmemoración, se remontan a diversos momentos en que las mujeres desplegaron acciones colectivas destinadas a denunciar la precariedad de sus condiciones laborales. El 8 de marzo de 1857, en New York, obreras textiles salieron a las calles a protestar para obtener mejoras en sus condiciones laborales y, como consecuencia, fueron gravemente reprimidas. En 1908, en la misma ciudad, las obreras vuelven a las calles y es en esta ocasión cuando se produce un incendio que causó la muerte de más de un centenar de mujeres.
En la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas de Copenhague (1910), se acoge la propuesta formulada por Clara Zetkin, de conmemorar el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, reivindicando nuestros derechos laborales y políticos.
En este marco, es relevante recordar el trabajo realizado en Valparaíso por la Federación Cosmopolita de Obreras en Resistencia, fundada por Micaela Cáceres en 1887, y reconocida como la primera organización sindical de mujeres de Sudamérica.
En el año 1977, con la declaración realizada por la Asamblea General de Naciones Unidas, se establece el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.
En este sentido, invitamos a considerar este día como una ocasión para realizar un ejercicio de memoria, que traiga al presente a esas mujeres que ya en el siglo XIX comenzaron a luchar con admirable valentía por varios de los derechos que hoy podemos ejercer. También, a ver en ellas una fuerza inspiradora para continuar trabajando por todo lo que nos falta, para erradicar la violencia contra las mujeres y las brechas de género en nuestros espacios laborales y en los distintos ámbitos de nuestras vidas.
Manifestamos nuestro profundo dolor y solidaridad con las mujeres y niñas que viven el flagelo de la guerra que destruye a raíz del poder e intereses de quienes están en la cúpula y deciden por el mundo; por las mujeres que, desde sus distintas posibilidades, resguardan a su familia, sobreviven y resisten.
En estos tiempos de crisis sanitaria, conmemorar el Día de la Mujer tiene una connotación especial. La pandemia ha puesto en evidencia e intensificado las desigualdades que nos afectan; de hecho, las complejidades de ser mujeres parecen cada vez más visibles: la crisis de cuidado y la urgencia de políticas de corresponsabilidad son temas que no podemos seguir postergando. Asimismo, nos ha permitido celebrar el rol protagónico que las mujeres han tenido en hacer frente a la crisis, así como las distintas redes de cuidado que han construido a nivel territorial para sostener la vida en espacios precarizados.
Declaramos nuestro compromiso para seguir trabajando en la construcción de políticas de igualdad que den cuenta de un compromiso real con la equidad e igualdad de género y, particularmente, con la construcción de espacios laborales y académicos libres de violencia.
Reconocemos a cada una de las mujeres que conforman nuestra comunidad universitaria, para resaltar el aporte que cada una realiza. La visibilización y la no discriminación deben ser piedras angulares de nuevos tiempos y de justicia social, de diálogo y proyección de la universidad, formando parte de la esencia de la ciudadanía, el respeto a los derechos humanos y la inclusión para que la educación permita la transformación de la sociedad en el pleno reconocimiento del rol de la MUJER.
VICERRECTORÍA ACADÉMICA, DIRECCIÓN GENERAL DE PREGRADO Y DIRECCIÓN DE EQUIDAD E IGUALDAD DE GÉNERO
UPLA.cl