Su norte siempre fue el incidir positivamente y sin treguas en el sistema educativo cumpliendo su rol como profesora de Educación Básica. Una labor que ha inspirado sus ganas de avanzar e indagar en las problemáticas actuales de la enseñanza.
Un desafío que Andrea Bustos Ibarra, titulada de Educación Básica por la Universidad de Playa Ancha y que actualmente cursa un doctorado en la Universidad de Salamanca, España, tiene bien asumido en dos vertientes: su experiencia pedagógica con niños del Colegio Rubén Castro de Viña del Mar y sus reflexiones filosóficas y teóricas que la han impulsado en su trayectoria profesional.
Andrea nos relata su experiencia universitaria, las motivaciones que la rondaban en cuanto a la Educación Básica, su vida familiar, sus estudios doctorales y el hecho relevante de haber sido la primera elegida para una beca de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), que inéditamente se otorga a estudiantes de magísteres y doctorados en el área de la educación.
Destacada estudiante, recibió el “Premio Universidad de Playa Ancha” como reconocimiento a su excelente trayectoria académica. Además, fue ayudante ad honorem y académica y dictó cátedra durante su primer año profesional en la Facultad de Ciencias de la Educación, hasta que optó por dedicarse exclusivamente al trabajo con niños de Enseñanza Básica.
Vocación Pedagógica
¿Pensaste en algún momento estudiar otra cosa o siempre fue tu norte la pedagogía?
“Pensé en estudiar Psicología, pero hay un área de esta disciplina que no me gusta y que tiene que ver con la terapia. También, me gustaba la Educación Física, porque en ese tiempo hacía bastante ejercicio. Sin embargo, como te comentaba antes, disfrutaba del arte, la literatura, del castellano, entonces, al estudiar Educación Básica estaría tomando un poco de cada rama. Ya en tercero o cuarto medio tenía lo que quería, que incluso sale en mi semblanza de la licenciatura”.
¿Cuál es el rol de tu papá, Ángel Bustos, académico de nuestra Universidad, en tu interés por la Educación?
“Mi papá constantemente me decía que estudiara pedagogía, me convencía a partir del fuerte componente social; valor que nos inculcaron en el Seminario San Rafael con las pastorales, el trabajo con niños para primeras comuniones y misiones. Aprendí a trabajar con niños y mi papá, al observarlo, ayudó a darme cuenta que si mezclaba todo lo que me gustaba debería estudiar pedagogía.
Además, él estaba absolutamente con la camiseta puesta por la UPLA y, claro, me hizo entender las razones por las cuáles creía que estudiar pedagogía aquí tenía un mejor sello que en otras instituciones. Sabía -por otras personas- que la formación pedagógica acá era muy fuerte.
Cuando postulé a Educación Básica lo hice como primera opción. Recuerdo que me fue muy bien en la prueba, saqué más de 700 puntos, entonces sucedió que los dos primeros que entramos éramos mirados por los demás como extraños y nos preguntaban el porqué elegíamos esta carrera y no otra”.
La Universidad de Playa Ancha: otro mundo, un mundo completo
¿Cómo fue tu ingreso a la Universidad?
“Entrar a la Universidad fue entrar a otro mundo, un mundo completo, el mundo de la UPLA, una universidad que ante mis ojos se lucía muy diversa, con distinta gente, diferentes estilos y, en fin, como algo completamente nuevo.
Imagínate lo que significó esta entrada; yo, que en mis primeros años de Básica había estudiado en colegios de niñitas: todo súper tranquilo, bien normado, para luego pasar a colegios con una masa de 45 compañeros por sala, muy grandes, con muchos niños, y llegar, finalmente, al Seminario.
Recuerdo que la primera impresión que me llevé en la UPLA fue la de un mundo con muchas personas, colores, harta tolerancia y muy artesanal. Me di cuenta, con el paso del tiempo, que lo importante era moverse y agilizar las cosas. Otro de los temas que rescato es la diversidad. Figúrate que uno de mis principales pilares como compañera de curso era una amiga que tenía la edad de mi mamá y otros amigos que venían de todos lados.
Por otra parte, distinguí en la Universidad, respecto a la formación que imparte, que está centrada en los aprendizajes, en el trabajo de la escuela y no en hacer academia. Siempre se nos planteó, de modo quizá no tan explícito, que para aprender a hacer clases hay que vivir la escuela; te formas con el conocimiento, es cierto, pero centrándote en el aprendizaje, rasgo positivamente tan social que tiene la personalidad de la institución. Ese centrarse en la gente, que es mucho más difícil que centrarse en la disciplina, es, bajo mi perspectiva, una diferencia trascendental”.
¿Cuáles fueron tus principales desafíos en ese entonces?
“Tuve que validarme mucho dado mi puntaje, mis notas de media y, además, fue un rollo complicado el hecho de que mi papá me hiciera clases. Ante los ojos de mis compañeros podía darse el hecho de que pensaran que podría tener algún tipo de beneficio; entonces estudié como hecha una loca. Me tocó esforzarme bastante, aunque reconozco que nunca fue un gran problema estudiar, me iba bien en el resto de las asignaturas”.
¿De dónde surge tu orientación hacia el estudio de la lengua, la literatura?
“Una cuestión fundamental fue que en los primeros años nos tocó un programa inédito de lengua materna que la UPLA tenía con Francia. De allí, la tendencia al área de la lengua. Ese era un proyecto muy grande que se dio con la UNESCO, donde dos profesores nos impartían clases muy potentes, perfeccionándonos con seminarios y otros recursos en torno a la lengua materna. Ese momento marcó después mi práctica y mis estudios posteriores.
También, formé parte de todo el recambio que significó la Reforma Educacional, en cuanto a las transformaciones de paradigma conceptuales relacionados con cómo aprenden los niños desde el lenguaje.
Producto de esas dos instancias seguí el tema de la lengua donde fuera que hubieran cursos, congresos o seminarios. Estuvimos en un montón de lados. Lengua y procesos cognitivos fueron siempre elementos permanentes y presentes en mi formación”.
Aplicando lo aprendido: Aula e investigación
Antes de entrar formalmente al mercado laboral, Andrea, en paralelo a la realización de la práctica pedagógica, llevó adelante su investigación para la tesis de pregrado, donde vertió todo lo aprendido en cuanto a evaluación y lengua durante sus años de Educación Superior.
¿Cuál es el trabajo que más te gusta, aula o investigación?
“Es difícil separar ambas áreas, puesto que me gusta mucho hacer clases, la paso muy bien. Sin embargo, es importante también tener una conciencia de investigación porque, de no tenerla, es difícil dar respuesta a cosas que no sabes, o bien, para ver las dificultades de los niños en aprender, saber qué hacer, buscar las razones.
El problema está en que muchos de quienes hacen investigación sacan los pies de la escuela y ven al individuo, al niño, como parcelado. No es que veas cosas que son irreales, sino que sólo ves un pedazo, una parte del todo del cual forman parte, en un sistema tan complejamente enmarañado en la comunidad escolar, en su entorno familiar, etc. Sucede entonces que, si acercas demasiado la lupa, te pierdes el resto del fenómeno.
Lo ideal es hacer, por lo tanto, investigación mientras estamos en el aula. Hace poco un reconocido personaje en materia de educación me dijo: todo profesor investigador debiera hacer clases siempre.
Ahora bien, hacer clases e investigar, en paralelo, es complejo si consideramos el sistema horario al que, por ejemplo, se someten muchos profesores del Sistema Público de Educación, quienes tienen que destinar, por una cuestión de carga académica, todas sus horas a la docencia”.
Entendido lo anterior ¿Qué elementos consideras como fundamentales en un proceso de formación?
“Creo que el rigor es vital. Sin rigor no se consigue mucho. Al respecto, nos hace falta como profesores de Básica y, por cierto, también en el nivel de las universidades. Tengo que ser tan efectivo y tan bueno en el aula como lo es el médico en un quirófano; si algún niño falla o no aprende es por mi responsabilidad, Una sala donde no se pase frío, que no tenga vidrios quebrados o donde existan más o menos equipamientos son elementos importantes, aunque secundarios al lado del rigor científico que se debe tener. Ni siquiera teniendo bibliotecas inmensas se consigue mucho, si no comprendes lo importante que es el trabajo en clases.
En base a lo anterior, le hago un llamado o una invitación a los estudiantes de Pedagogía en Educación Básica: nuestra carrera es una responsabilidad que no podemos tomar a la ligera; no basta con pedir que haya cambios sociales, que haya más justicia o mejor calidad de vida, eso hay que generarlo y se hace formando con calidad el capital humano. Si se toma la profesión como debiera ser, podríamos incluso generar un mejor país, un mejor lugar donde vivir”.
Investigación doctoral y beca Conicyt
Gracias al apoyo de profesores y apoderados del colegio Rubén Castro, donde se desempeña desde sus comienzos como profesora, la joven orientó su trabajo fundamentalmente al área sustentada en el aprendizaje del lenguaje en los niños. En este contexto, Andrea Bustos nos cuenta que, trabajando fuertemente con sus colegas y con los padres en pos de fomentar los procesos cognitivos, un porcentaje de los niños, seguía sin comprender lo leído o explicado.
¿Cuál era el panorama que se dibujaba ante esta observación?
“Si hacíamos todo lo anterior quedaban sólo dos opciones: o asumíamos que era algo así como la crónica de una muerte anunciada y que el niño jamás iba a aprender por todas las dificultades de su entorno, cosa que yo no estaba dispuesta a asumir; o por otra parte, nos esforzábamos en buscar las razones de aquello.
Esa búsqueda nos llevaba a tareas como dar más tiempo, hacer evaluaciones distintas, etcétera, para luego verificar qué estaba pasando, sin obtener resultados positivos. Fui allí cuando me dije “esto no puede suceder”.
¿Cuál fue el paso después de ese “no puede suceder”?
“Buscar información y formarme fuera del establecimiento. Hice un Postítulo en Lenguaje y luego otro en Currículum y Evaluación gracias al apoyo del colegio, pero, aún así, creí que tenía que ser algo más específico”.
¿De allí surge la necesidad del Doctorado?
“Desde que estaba en la Universidad quería hacer un Doctorado. Nunca se me cruzó por la cabeza hacer un máster, porque no me tincaba tanto como una investigación doctoral. Partiendo oficialmente en septiembre de 2005, las clases del doctorado comenzaron el 2006. Durante el primer bienio llegaron los ramos y, luego, la tesina, investigación en la que se comprueban las capacidades para hacer investigación más que entregar contenidos”.
¿Cómo se desarrollaron tus etapas de investigación? ¿Cómo financiabas dicho trabajo y estudio?
“Partí con un crédito Corfo y luego, estando en España, opté a una Beca Santander Santiago, que me brindaba apoyo en materia económica para la estadía y la investigación, aunque necesitaba del aval de una institución superior. El aporte de la UPLA fue fundamental ya que gestiones, entre las que destacó las realizadas por el actual Rector, Patricio Sanhueza Vivanco, me permitieron contar con un apoyo importantísimo para obtener este beneficio.
Así, solicitados los antecedentes para mi tesina y apoyada a la vez por un equipo de estudiantes de la Universidad, específicamente de Pedagogía en Educación Básica, a quienes contraté con los recursos antes mencionados, comenzamos a realizar el estudio en doce colegios de Valparaíso de distinta matriz económica.
Los resultados de ese estudio, corregidos y validados por profesores del Colegio Rubén Castro, me los llevé a España y fueron los centrales en la confección de mi tesis, la que defendí hace un par de meses y en base a la cual se pueden detectar ya algunos indicadores y variables en torno al problema de la comprensión lectora en los niños”.
Nos enteramos a través de la prensa que habías obtenido una beca del Conicyt para financiar tus estudios doctorales ¿Qué significa este beneficio?
“Luego del apoyo de la Universidad para la Beca Santander Santiago, otorgada gracias a la Red Universia, y siempre buscando nuevas vías de financiamiento alternativas al crédito Corfo, encontré en el diario un aviso de Conicyt que exigía dos requisitos que yo cumplía: uno, estar ya cursando estudios doctorales y; por otro lado, haber sido evaluado por el sistema de Evaluación Docente del Ministerio de Educación, cuestión que, por cierto, había realizado hace un par de años.
Considerando lo caras que resultan las investigaciones en cuanto a la compra de materiales, contratación de gente, los traslados y en fin, un sinnúmero de otras cosas. A pesar del apoyo de la Universidad de Salamanca necesitaba más dinero, entonces, postulé a esta Beca, que me parece tan bien pensada porque te paga el arancel de todo el año, un aporte al seguro médico, los pasajes ida y vuelta y un aporte en 1.400 euros para tu estadía. Al final, el 1º de septiembre me la entregaron en una ceremonia.
Fuera de los recursos económicos está el reconocimiento. En el discurso que tuve que exponer el día de la entrega rescaté eso, el reconocimiento profesional. Con esas cosas uno se da cuenta que vale la pena esforzarse tanto, pero más aún, que el trabajo en el cuál estás, la educación, la enseñanza, es bien considerada, o sea, si me das plata es porque piensas que yo soy una persona buena en mi trabajo, y fíjate que mi trabajo es enseñar, entonces, qué es lo que dice este silogismo, que te importa mucho, por ende, que se enseñe bien. Eso es una inyección de energía. Siento que las políticas públicas están validando, al fin, la educación”.
¿En qué estás en estos momentos?
“Estoy en mi tesis doctoral. Estoy investigando mucho; imagínate que en España, por ejemplo, a mis compañeros les dan un plazo para realizar su doctorado de cinco años, con pago y todo, y yo pretendo realizarlo en tres y medio. Hoy estoy con la tesina terminada y pensando en cómo mezclar datos para terminar en junio o julio de 2009 con la defensa.
Pretendo volver al colegio el próximo año (es un requerimiento de la Conicyt) y bajar un poco la carga académica allí para trabajar en la Universidad, no sé si docencia pero sí en investigación. Por lo demás, aprovechando mi viaje a Chile, estoy elaborando y haciendo entrega de los doce informes para los doce colegios en los cuales apliqué los instrumentos para mi tesis con los análisis pertinentes de sus realidades”.
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