Abraham Santibáñez: “Lo más sano siempre será poner en duda las verdades oficiales”

El trabajo bien hecho, que implica un reporteo riguroso, con verificación de la información y las fuentes, es la mejor forma de asegurar una labor periodística que responda a los criterios éticos que demanda la profesión.

Así lo planteó el destacado periodista y académico Abraham Santibáñez Martínez, expresidente del Colegio de la Orden, quien expuso sobre los “Desafíos actuales de la ética periodística”, ante un grupo de alumnos de la carrera de Periodismo de la Universidad de Playa Ancha.

Santibáñez, autor de varios libros que son referentes en las cátedras de periodismo interpretativo, ha desarrollado también una intensa labor respecto a la ética periodística, la que se refleja en las iniciativas que impulsó cuando fue presidente del Colegio, como el apoyo al proyecto de ley que creaba un Tribunal Ético, propuesta que aún está en el Congreso Nacional.

“Esta instancia nos permitiría superar la actual situación, que se refiere a que los profesionales que no están colegiados no pueden ser sometidos al tribunal de ética de la Orden”, comentó Santibáñez, agregando que algo parecido ocurre con los medios de comunicación que no están asociados a la Federación que los agrupa, y que cuentan con un Consejo de Ética de los Medios.

USO DE LA TECNOLOGÍA

En relación al uso masivo de las redes sociales, el expositor fue enfático en precisar que debemos ser muy cuidadosos en el uso que le otorgan los periodistas.

“Ante el bombardeo de información, siempre es necesario primero confirmar, verificar los datos que se obtienen, porque podríamos incurrir en graves errores. Claramente, el problema no está en la tecnología, sino en el uso que le damos a ella”, dijo Santibáñez, añadiendo que no basta con que la información llegue a la mesa de trabajo, incluso cuando se trata de temas con fuentes formales. “Ante esto, lo más sano siempre será poner en duda las verdades oficiales”, insistió, tras lo cual recordó casos como el de Spiniak y las declaraciones de Gemita Bueno.

Además, mencionó otras situaciones como las que protagonizó Stephen Glass, quien inventó numerosos reportajes en The New Republic entre 1995 y 1998; o el de Janet Cooke, periodista de The Washington Post, que escribió una historia falsa que le significó ganar el Premio Pulitzer, el que posteriormente tuvo que devolver.

A nivel nacional recordó el programa Contacto referido al reportaje sobre discriminación de las nanas; Italo Passalacqua, quien fue condenado por la Corte Suprema a pagar una indemnización de siete millones de pesos por “difamación”.

“Ningún periodista está libre de la presión de los editores y de la gerencia comercial, porque para ellos su brújula es el rating, la sintonía y la circulación.  Pero los periodistas debemos velar básicamente por la veracidad de la información, la libertad de expresión, el respeto a la dignidad de las personas y la defensa de la libertad de expresión”, concluyó.

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