Se cumplió en Chile una década de la implementación del Sistema de Evaluación Docente y con ello han sido calificados alrededor de 150 mil profesores del sector municipal, medición que ha permitido identificar aspectos que están logrados, medianamente logrados y que son deficitarios en el desempeño de los profesores.
Sobre este tema se refirió el director del Centro de Medición MIDE de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Dr. Jorge Manzi, en el marco de la charla “Prácticas docentes: Desafíos para la Formación Inicial Docente” dirigida a académicos de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Playa Ancha.
-¿Cuáles son los desafíos para la formación de profesores?
“Cuando se observa el desempeño de los profesores, uno puede extraer lecciones que son interesantes para la formación inicial y en servicio. Hay una preocupación en Chile por mejorar la formación docente, hay cuestionamientos públicos, la sociedad en general tiende a tener una actitud escéptica acerca de la profesión docente.
Hay razones para decir que los docentes pertenecen una profesión especialmente complicada en Chile porque perdieron históricamente parte del status que tuvieron. Eso debe recuperarse, lento, pero hay que hacerlo, no hay una carrera profesional docente funcionando y creo que todas las instituciones relacionadas con la profesión tienen algo que hacer para poder mejorar las cosas.
El ángulo que represento dice relación con cómo se desempeñan los profesores y qué sabemos acerca de su desempeño; es un tema que debe ser puesto en discusión y poder alimentar una conversación con colegas para que ese tipo de situaciones se discuta y se resuelva».
-Sobre el instrumento de evaluación docente que utiliza Chile, ¿cuál es su opinión?
“No es una pregunta fácil de responder. Si uno preguntara, por ejemplo, cómo puedo medir bien si los estudiantes saben matemática. Creo que las respuestas van a ser más o menos parecidas. En cambio si me preguntan cómo puedo saber si un docente lo hace bien, se abre inmediatamente un debate y el primero es: a qué me refiero con que un docente lo está haciendo bien. Me refiero a que el docente muestra en su desempeño que lo hace bien, o me refiero a que los estudiantes han logrado aprender.
Uno siempre está mirando estas dos cosas: el desempeño y la efectividad. Esa es la discusión internacional sobre cómo medir a los docentes.
Chile optó por medir más el desempeño que la efectividad y las dos principales razones, entre varias, son: cuando le decimos a un docente que no es tan efectivo, porque sus alumnos no aprendieron tanto. Y a otro le digo tú eres muy efectivo porque tus estudiantes aprendieron mucho. Hasta ahí estamos bien, eso es factible de evaluar.
Pero si lo que necesito saber es por qué el primer profesor no fue efectivo y me guío solamente por la información que me da la prueba de los niños, no puedo saber qué hizo la diferencia. Esa es una primera limitación.
La segunda razón, que no deja de ser importante, es que no hay consenso técnico en el mundo acerca de cómo medir adecuadamente la efectividad de los docentes. En cambio el desempeño sí; sabemos cómo se está mejorando, ejemplo: quiero saber si un profesor planifica bien, y para ello hay que mirar una planificación; el desempeño es más directo. Hay muchas herramientas prácticas para definirlo: portafolio, observación, filmación, entre otras.
Chile tiene en su evaluación docente un portafolio (mezcla parte documental con la grabación de una clase). Basado en la experiencia internacional, dado que Chile optó por evaluar desempeño, lo estamos haciendo razonablemente porque estamos utilizando una herramienta que permite medir eso».
-¿Cuál o cuáles deberían ser las características del profesor para alcanzar niveles óptimos desde el punto de vista del desempeño y efectividad?
«Esa pregunta es la primera pregunta que hay que hacerse cuando uno va a medir o evaluar. No puedo medir sin saber cuál es el marco de referencia; si quiero saber si un profesor es efectivo o si se desempeña bien tengo que tener un modelo que me diga que es un profesor.
A comienzos de la década pasada Chile desarrolló el Marco para la Buena Enseñanza, que define cuatro dimensiones que describen a un buen docente siguiendo el ciclo del proceso educativo. Estos son: Preparación de la enseñanza, Creación de un ambiente propicio para el aprendizaje, Enseñanza para el aprendizaje de todos los estudiantes y Responsabilidades profesionales.
La tarea que tenemos que hacer nosotros, que estamos en el área de la Educación, es mirar ese documento y extraer de él las consecuencias para la evaluación».
-La Universidad de Playa Ancha inició un proceso de evaluación docente por parte de los estudiantes y de autoevaluación a cargo de los académicos, qué importancia le da Ud. a este tipo de procesos.
«Le doy gran importancia a esta labor, que es además en lo que trabajo, el hecho que todos los que nos desempeñamos en algún ámbito pudiéramos contar con información regular sobre cómo lo hemos hecho es fundamental. Si uno no se examina a sí mismo o no recibe algún tipo de evidencia de cómo lo hace, uno no tiene una base para poder mejorar.
En Educación hay un proceso de mejoramiento que tiene que ser acompañado y apoyado, porque la sola práctica, la sola experiencia que tiene un valor no garantiza que las personas vayan a mejorar. No se pueden quedar repitiendo soluciones que les parecieron efectivas, pero que no lo eran. Ese es el valor que tiene hacer esto en todos los campos, y ciertamente en las universidades también.
Tenemos que aprender a identificar cuáles son las mejores herramientas para poder ganar información. La encuesta de los estudiantes es un punto importante, pero que no se puede aplicar como regla en todos los niveles.
Cuando queremos hacer bien esta tarea, no hay soluciones fáciles, no hay soluciones rápidas y probablemente no haya una solución tipo que aplicar. Hay que hacer trajes a la medida de las realidades. Para evaluar bien un desempeño profesional complejo como el de un docente se necesitan distintas fuentes de información, no solo una. Depender enteramente de la opinión de los alumnos sería incorrecto, como también lo sería de solo los jefes.
Ahora seamos francos, en casi todas las organizaciones, el desempeño lo evalúan los jefes y punto. Aquí al menos hay la oportunidad de contar con otros antecedentes».
-¿Cuál debería ser el fin de este tipo de evaluaciones?
«Uno debería tener un modelo de acción, las evaluaciones pueden ser un acto rutinario que está simplemente hecho para cumplir con una obligación administrativa que ha perdido valor como por ejemplo las calificaciones en el sector público.
El modelo de acción nos debe inspirar a tomar decisiones para que las cosas funcionen, ojala las mediciones estén siempre inscritas en una lógica de mejoramiento, porque esa es la verdadera razón por la que los seres humanos nos autoevaluamos permanentemente, para cambiar y mejorar.
Tenemos que identificar nuestras falencias, los psicólogos hablamos de autorregulación, nos tenemos que comparar respecto a un estándar.
El proceso de cambio debería estar en el centro de la organización y tiene que ser acompañado y apoyado y eso es parte de lo que hablaré con los académicos de la universidad.
La evaluación docente ha estado disponible todo este tiempo y nos ha mostrado un escenario constante donde están las debilidades y fortalezas de los docentes, para que puedan potenciar su proceso formativo. En ese sentido, es fundamental que las facultades se pregunten cómo lo están haciendo en la realidad los profesores egresados de sus planteles.
Mi objetivo es hacer un puente entre los datos que nos entrega la evaluación docente y la motivación que tiene la Facultad de Ciencias de la Educación por hacer mejoras en la formación de sus futuros profesores”.
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