Carlos Henríquez Calderón es ingeniero comercial con mención en economía de la Universidad de Santiago, magíster en gestión y políticas públicas de la Universidad de Chile y actual secretario ejecutivo de la Agencia de Calidad de la Educación.
En la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Playa Ancha dictó una charla dirigida a los académicos denominada “Formación inicial docente en evaluación educacional”. En ella resaltó los logros y avances de la evaluación docente y las implicancias de la reforma educacional.
Empecemos por lo básico, ¿qué es calidad?
Para nosotros la calidad es una discusión que siempre damos en cada comunidad escolar, sala de clases o en los distintos actores educativos cuando nos presentamos. Calidad en la educación, al menos en nuestro marco legal, es cómo los niños y niñas de nuestro país adquieren conocimientos y habilidades para desarrollarse de manera intelectual, valórica, artística, ética y emocional. Significa tener las herramientas que aseguren a los estudiantes la posibilidad de un desarrollo íntegro, acorde a su proyecto de vida. Esto no tiene que ver con conocimientos, sino en cómo ayudamos a los jóvenes a ser protagonistas de sus vidas.
Y en torno a la calidad, ¿se ha logrado avanzar?
En todos los colegios hemos ido progresando. En la Agencia de Calidad hemos dado pasos concretos. Primero decir que calidad no es solo lenguaje o matemática y no es solo SIMCE. Es importante dar la relevancia necesaria al desarrollo integral de los estudiantes, en esa línea hemos logrado avances en las asignaturas tradicionales y también la posibilidad en los colegios de implementar el desarrollo cognitivo-no cognitivo, lo emocional y lo afectivo.
Siguiendo la línea de la educación integral, ¿cómo está parado Chile frente a las temáticas de equidad, género e inclusión?
Desde la perspectiva de equidad somos un país muy desigual. Existen grandes brechas socioeconómicas que, dependiendo mucho del contexto familiar, es la educación la determinante para una mejor calidad de vida. Es allí donde se encuentra la importancia de la reforma a la educación pues brinda a todos, y especialmente a los que tienen menos posibilidades, las mayores condiciones para desarrollar su proyecto de vida.
¿Y la equidad de género?
De a poco hemos progresado en ese ámbito. La información que existe a nivel internacional demuestra que Chile ha disminuido paulatinamente las brechas en este sentido. Qué queremos decir con esto, que a las niñas y niños no se les discriminen por su sexo, que por el hecho de haber nacido con el género que sea no significa estar predispuesto a ser mejor en una u otra cosa. Debemos quitar los estereotipos en las aulas y detener este tipo de prácticas direccionadas. Como sociedad, en equidad de género nos queda muchísimo. ¿Pasa por el sistema escolar? Sí, pasa por tener un sistema escolar mucho más inclusivo con prácticas que sean proclives a la equidad de género, pero pasa también por nuestra sociedad y cultura. Insisto, aún nos queda mucho camino por recorrer.
Hay una ley de inclusión que tenemos en marcha con la reforma, esta tiene que ver con prohibir la selección en los colegios, con el fin al lucro y la disminución del financiamiento compartido para que todos tengan las mismas posibilidades de acceder a cualquier establecimiento que deseen.
Inclusión es mucho más que eso y no es fácil. Si preguntas a la gente te dirá de inmediato que es partidaria de la inclusión, pero si preguntamos si están dispuestos a que nuestros hijos estén con “los otros” la respuesta no es tan automática. La ley de inclusión ayuda en la práctica a que seamos consistentes en lo que decimos con lo que hacemos y valorar al otro con todas sus potencialidades.
¿Qué falta?
Faltan tres cosas. La primera es que los chilenos no digamos de la boca para afuera que queremos inclusión de cualquier tipo, es necesario que lo practiquen en su metro cuadrado y, por otro lado, poder valorarnos entre todos. Le decimos extranjero al europeo e inmigrante al hermano latinoamericano y esto no puede ser. Por último, es necesario apoyar como sociedad a las escuelas y cuerpos educativos en general. Estamos viviendo un proceso de cambios en torno a la inclusión, requiere movilizarnos y conocernos en esa diversidad y generar círculos virtuosos en los establecimientos educacionales.
¿En qué consiste la formación inicial docente en evaluación educacional?
Esto tiene que ver con un nuevo sistema de evaluación que aporta a que lo central en nuestro país es el aprendizaje en nuestros estudiantes. Hace años lo esencial era la evaluación e incluso la calidad la medíamos por las típicas pruebas; ahora queremos colocar en el centro a la enseñanza de todos nuestros niños y niñas. Por eso la evaluación es importante, pues nos da la información necesaria para retroalimentar el accionar en gestión de las escuelas y sus prácticas pedagógicas y saber cómo lo estamos haciendo.
Por ello el foco es cómo hacemos para que los estudiantes tengan mayores aprendizajes. A su vez dejar en claro que la evaluación es un medio y no un fin. Tratamos de mostrar este nuevo sistema de evaluación donde después de 28 años de solo SIMCE, hoy día hemos equilibrado el SIMCE a menos de la mitad de lo que teníamos antes.
Hemos ampliado la mirada de los indicadores de desarrollo personal y social, la convivencia y participación, en los hábitos de vida saludable para ser consistente con la mirada mucho más amplia que tenemos hoy del colegio.
También hemos tenido nuevos instrumentos que se trabajan y confían a los profesores, generando establecimientos empoderados y dando como resultado que ellos mismos sean protagonistas de sus procesos de mejora y no viendo la evaluación como una amenaza. Para ello entregamos resultados a los establecimientos y facultades de educación pedagógica en el país con estudios referentes a cuánto se trabaja en la evaluación de manera informativa y formativa.
¿Existe voluntad de cambio?

A propósito de la reforma, nos sentimos muy orgullosos de realizar cambios sustantivos en el sistema de evaluación. No es una declaración, es una realidad cuando les decimos a los colegios que teníamos más de quince evaluaciones anuales y hoy los disminuimos a la mitad, hay una señal clara.
Hoy los profesores no solo ven un puntaje, ahora ven detalladamente cuánto están aprendiendo los alumnos de acuerdo a su nivel y qué tipos de habilidades aprehenden. Esperamos que nuestro trabajo sea significativo para los profesores y colegios para no encontrar culpables, sino poder mejorar el proceso de enseñanza- aprendizaje y movilizar todas las capacidades de nuestros jóvenes. Tener un sistema distinto, enfocado en el aprendizaje y con una variedad de instrumentos que ayude a la toma de decisiones en la gestión pedagógica.
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