La desalación es una alternativa cada vez más recurrida ante las condiciones de escasez hídrica. Pero existe preocupación sobre el impacto ambiental que esta tecnología puede tener sobre los ecosistemas.
En estos momentos, en el mundo, alrededor del 70% de las plantas desaladoras —incluyendo todas las de Chile— funciona con la tecnología de osmosis inversa, destaca Claudio Sáez, director del Centro de Investigación Hub Ambiental de la U. de Playa Ancha (UPLA). El proceso empieza extrayendo el agua del mar, la que se hace pasar por membranas de osmosis, que son unos poros muy pequeños que, a presión, sacan la sal del agua. De todo el volumen, la mitad queda como agua dulce, y el resto como agua de mar, pero con el doble de salinidad que el líquido inicial que entra a la planta desaladora. A eso se le llama salmuera y se devuelve al mar.
Sáez afirma que esta descarga de salmuera en el océano, dependiendo del mecanismo de vertido empleado, puede tener un impacto negativo sobre la vida marina a través de un proceso que se llama “estrés osmótico”, que es causado por el exceso de sales en el medio externo de un ser vivo. Esto puede afectar su metabolismo y crecimiento.
Reconoce que en Chile se ha estudiado muy poco el impacto de las plantas de desalación ya existentes. Uno de los pocos ha sido el Hub Ambiental. “Estudiamos, como referencia, un par de desaladoras en Antofagasta, principalmente en La Chimba, que tienen descarga convencional, es decir, directo por tuberías al mar. Lo que hicimos ahí fue el trasplante de un alga a distintas distancias del emisario y le medimos algunos parámetros fisiológicos y de metabolismo para ver si esa alga estaba estresada o sufría efectos negativos. Vimos que en un radio de 10 a 30 metros alrededor de la descarga, había una afectación en la fisiología y en el organismo general del alga, pero sin afectar su sobrevivencia: estaba estresada pero no moría”, explica.
Como el radio de impacto negativo se restringe a unas decenas de metros, el académico considera que si el problema se corrige, el impacto se podría reducir al mínimo.
“La idea sería repetir este tipo de investigaciones en otras plantas desaladoras, sobre todo en las más nuevas que tienen tecnologías de descargas más avanzadas, y ver si los efectos que vimos en la desaladora de Antofagasta se mantienen en otras zonas. Lo que nosotros creemos es que no, porque la dilución se hace más rápido”.
La diferencia está en la tecnología de difusores instalados en el fondo marino que emplean las plantas más modernas y que favorece que, al ser liberada, la salmuera se mezcle inmediatamente con el mar, lo que impide un incremento drástico de la salinidad, sostiene Sáez.
Fuente: El Mercurio, jueves 23 de septiembre de 2021, página I6 del suplemento «Innovación». La nota completa incluye otras declaraciones y se puede revisar en esta imagen o en la página del diario para suscriptores.
UPLA.cl
Noticias de la Universidad de Playa Ancha Dirección General de Comunicaciones
