Dr. Roberto Orellana explica el proceso de biorremediación que se quiere aplicar en el suelo contaminado de Las Salinas

Dr. Roberto Orellana.

El boletín medioambiental País Circular publicó un artículo que explica las claves para entender el proceso de biorremediación que se quiere aplicar en el suelo contaminado de Las Salinas, en Viña del Mar, a partir de las voces del académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad de Playa Ancha e investigador asociado de la Universidad Técnica Federico Danta María, Dr. en Microbiología Roberto Orellana, integrante del Comité de Expertos en Saneamiento, y de otros científicos de dicha agrupación.

En el texto describe el trabajo efectuado en la fase piloto de una investigación destinada a determinar la mejor forma de eliminar la contaminación por hidrocarburos acumulados en los 80 años (desde la segunda década del siglo 20 hasta principios del 21) durante los cuales funcionaron en Las Salinas las instalaciones petroleras de Copec, Shell, Esso y Sonacol.

Con tierra y arena extraída del terreno de Las Salinas de Viña del Mar, elaboraron cinco “biopilas” en el patio del Centro de Biotecnología de la Universidad Federico Santa María (USM). El nombre biopila está tomado de la palabra en inglés biopile, que podría traducirse como “bio-montón”. Es decir, se trata de un montón de tierra donde se van a desarrollar procesos biológicos; en este caso, para efectuar un proceso de biorremediación, lo que en términos simples implica descontaminar ese suelo usando las bacterias propias del terreno y, eventualmente, algunas “invitadas” de otros sitios.

Biopilas.

Las cinco biopilas, cada una, de 0,5 metros cúbicos de suelo, es decir, 500 litros, con lo cual los montones quedaron de dos metros de largo, uno de ancho y 0,5 de alto. Como era suelo contaminado con hidrocarburos así como bajas concentraciones de metales pesados y agroquímicos, las biopilas fueron colocadas “sobre una membrana para evitar que los percolados pasaran al suelo, y también fueron cubiertas con membranas, para impedir la volatilización”, explica Orellana.

Una vez armadas las biopilas comenzó la etapa “semiindustrial” de la investigación que ya llevaba un par de años en laboratorio. “Tuvimos una primera etapa de microcosmos, con unidades de estudio más pequeñas donde hay más variables a medir; posteriormente pasamos a etapas semiindustriales, un nivel de mesocosmos a cielo abierto, con condiciones que no fueran hoteles 5 estrellas -que es lo que tenemos en el laboratorio-, sino que sean condiciones más cercanas a las que ocurren en el sitio donde se va a aplicar esto”, relata el doctor en Microbiología.

“Entonces, pudimos replicar aquellas aproximaciones que eran más promisorias de las detectadas en el ensayo de microcosmos; lo que habíamos hecho a nivel de un litro de suelo, lo pudimos hacer a nivel de 500 litros. Además, el experimento que habíamos hecho por 6 semanas ahora lo hicimos en 6 meses, y pudimos tener cinéticas de degradación que iban desde 20 mil partes por millón hasta llegar a las 3 mil partes por millón”, continúa.

En el caso de las biopilas del mesocosmos creado para esta investigación,la bioestimulación se realizó con compost, “que tiene una serie de nutrientes, pero lo más importante es que tiene una comunidad microbiana que está adaptada para romper polímeros que son complejos de romper”.

Mientras, la bioaumentación se realizó con cinco tipos de cepas: una autóctona asilada del sitio y cuatro cepas previamente aisladas de la desembocadura del río Aconcagua y estudiadas en la USM.

Trabajo interdisciplinar

El microbiólogo subraya que detrás de este proyecto de biorremediación “hay decenas de personas, de estudiantes, postdoctorados, doctorados e investigadores que han estado trabajando duro para, primero, establecer cuáles son las aproximaciones donde se basan estos proyectos, y eso es, básicamente, generar evidencia científica”. Al respecto, agrega que para enfrentar un proceso de biorremediación se debe conocer muy bien el suelo en el que se va a trabajar y “en este caso, estamos hablando de un pasivo ambiental crónico, que lleva 80 años de contaminación, algo muy distinto a un derrame de petróleo en el mar, por ejemplo, que es algo puntual”.

Todos los estudios realizados apuntan, en gran medida, a determinar “cuáles son los factores que limitan que este ambiente pueda volver a su condición original”. Sin esos análisis, dice, “sería como si un cirujano fuera a operar a un paciente sin tener el diagnostico adecuado”.

Respecto al origen de esta investigación, Orellana cuenta que se remonta a 2015, cuando Las Salinas convocó a varios académicos de la Región de Valparaíso para crear un Comité de Expertos en Saneamiento, del cual Orellana es parte junto a otros cuatro expertos de diversas disciplinas. Este equipo motivó un “cambio de paradigma”, destaca el académico UPLA.

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