Mejorar la calidad de la educación en Chile es un objetivo consensuado. Esto incluye tener suficientes profesores y profesoras para cubrir las necesidades escolares en todo el país. Sin embargo, nos encontramos en un momento crucial, en que se requiere una solución urgente o enfrentaremos una “hecatombe” en este ámbito, según describe el rector de la Universidad de Playa Ancha, Carlos González Morales, quien llamó a hacer los ajustes correspondientes lo antes posible.
Hace una década, se crearon leyes para atraer a los estudiantes de mejor rendimiento hacia las carreras pedagógicas, elevando los requisitos de ingreso, pero tuvieron el efecto contrario: según el Ministerio de Educación, entre 2018 y 2022 la matrícula de primer año en estas carreras cayó 43,3%. Se estima que, si esta tendencia no se revierte, en 2030 habrá un déficit de 33.000 docentes idóneos y especialistas disciplinares. Por supuesto, no es una deficiencia uniforme; afectará más a ciertas regiones y a los territorios rurales dentro de cada región.
El proceso de elevar el puntaje de ingreso a carreras pedagógicas se haría gradualmente, pero la caída en las matrículas obligó a aplazarlo anualmente, desde 2019. Este año ocurriría una nueva postergación, pero el proyecto de ley fue rechazado en la comisión de Educación de la cámara baja y su discusión se encuentra paralizada. En la práctica, significa que jóvenes que el año pasado podían matricularse en una carrera pedagógica con 502 puntos ahora necesitarán 626.
“Esto sería una ‘hecatombe’ para todo el sistema de acceso a las carreras pedagógicas. Se tiene que modificar y confiamos en la sensatez de nuestros representantes del poder político, para que decidan en conciencia respecto a lo que significa”, dice el rector de la UPLA.
Los centros formadores de docentes deben decidir en estos días sobre su oferta de carreras, ya que el DEMRE entregará la información definitiva a los estudiantes el 25 de septiembre. Por lo tanto, “la principal preocupación es que, faltando tan poco tiempo para rendir la PAES, los estudiantes aún no tienen claridad sobre sus opciones para postular a la universidad, aún no se tiene una respuesta clara respecto a las exigencias de pedagogía”.
Aparte de profundizar el ya grave déficit de profesores, esto tiene un componente financiero importante, que afecta directamente a las universidades. “Si a una carrera entran dos estudiantes, solamente va a existir el ingreso de esas dos matrículas para mantener una carrera que tiene muchos desafíos, como número de profesores, laboratorios y actividades prácticas. Por lo tanto, sería inviable desarrollar procesos de formación en esas carreras con tan pocos estudiantes”, explica Carlos González.
El Consejo de Decanos de Educación de Universidades Privadas adelantó que hay una decena de instituciones estudiando el cierre del ingreso a carreras pedagógicas en 2026. Seguirían abiertas, pero sin nuevos estudiantes.
Las universidades estatales, a pesar de los problemas de financiamiento que sufren, por ahora priorizan el deber social de formar a los futuros profesores y profesoras, pero también están expectantes ante esta situación. “Los legisladores deben tomar una decisión muy pronta y muy justa”, recalca el rector.
Calidad garantizada: acreditación
Más allá del momento particular en que se produce esta crisis, la máxima autoridad de la UPLA insiste en que debe estudiarse el valor real de la PAES, que no garantiza el éxito académico o la formación de buenos docentes.
Destaca que “se ha demostrado que hay estudiantes con puntajes no tan altos y que, después del primer o segundo año, despegan de manera notable en las universidades, porque allí surge justamente la motivación, la convicción de que van a hacer un cambio importante en la sociedad, y además han logrado aquilatar lo que significa un servicio país; en este caso, la formación y la vocación pedagógica”.
Esto es importante al reevaluar el sistema diseñado para garantizar la calidad de los profesores y profesoras del futuro, porque la PAES no sería necesaria en ese sentido.
Explica Carlos González que “por ley, todas las carreras de pedagogía tienen que ser acreditadas. Ahí están las exigencias de calidad. Todas tienen, obligatoriamente, que ser sometidas a procesos de regulación y de calidad a través de la acreditación”, algo que solo ocurre también con las carreras de medicina y odontología.
“Ahí está la gran diferencia y ahí está el valor de calidad: no en el puntaje, en la acreditación. Hay que cumplir con exigencias de investigación, de vinculación con el medio y un conjunto de elementos que hoy se validan para cada carrera de pedagogía. La acreditación es el insumo básico, sustantivo”, recalca el rector.
Hace notar otro problema relacionado: los puestos docentes ya se están llenando con profesionales de otras áreas, que carecen de formación en aspectos pedagógicos, como didáctica, evaluación o metodologías activas. Ellos también tendrán que pasar en algún momento por las universidades con experiencia (las que tienen facultad de Educación o similar), para recibir esas herramientas.
Concluye el rector de la Universidad de Playa Ancha: “La formación es una tarea que se desarrolla por muchos años en las universidades y es de gran calidad. Eso ha permitido que en nuestro país tengamos profesionales de distintas especialidades, formados por estos pedagogos, cuando no existían las exigencias que hoy se están poniendo. Si hubieran existido antes, no podríamos tener los ingenieros que tenemos hoy, los médicos que tenemos hoy, tantos profesionales… Porque ¿quién logra los cambios, el desarrollo? El profesor, la profesora. Hay que tener más de ellos y darles todas las herramientas para que lo consigan. Si no, vamos a estancarnos muchísimo como país”.
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