Cada vez que se suceden los incendios forestales en nuestro país, el escenario parece repetirse: los científicos salen a presentar artículos en los que ya se vaticinaban estos hechos; se cuestiona la planificación del riesgo y el uso de suelo; los medios de comunicación exponen la tragedia sin promover una educación ciudadana; se evidencian los intereses de privados ligados a la explotación de recursos; y se critican las respuestas del Estado ante este tipo de catástrofes. Nada de estos aspectos es nuevo en este tipo de situaciones, pero ¿qué más podemos decir frente a un problema común y persistente?
Esta pregunta me parece fundamental en un momento en que los discursos y las interpretaciones se cruzan, y donde las leyes y normativas parecen operar como respaldo para el gobierno de turno, pero que en la práctica carecen de decretos efectivos que regulen la producción del espacio geográfico. Además, estas leyes tienden a funcionar como marcos normativos generales que muchas veces responden a determinados intereses y a territorios específicos, dejando de lado discusiones de fondo, entre ellas, la respuesta civil frente a este tipo de situaciones.
Si bien puede parecer que se trata de dos temas diferentes, la relación entre catástrofe y participación política de la ciudadanía suele quedar relegada a un plano secundario o derechamente invisible. Los efectos de la intervención —o debilitamiento— de las organizaciones de base han desmantelado, especialmente en los sectores populares, redes de ayuda, cooperación y apoyo mutuo que, en el caso de Chile, se habían transformado históricamente en una de las principales herramientas para levantar nuevamente los territorios, las familias y a toda una población afectada.

En el caso de las instituciones de educación superior, dejaron de desarrollar el voluntariado universitario, que me toco gestionar como dirigente estudiantil por medio de la Dirección General de Desarrollo Estudiantil de nuestra universidad, donde apoyamos la reconstrucción de la ciudad Constitución luego del terremoto de 2010, realizamos trabajos en el megaincendio en Valparaíso el 2014, en Viña del Mar el 2015, los incendios de Rodelillo el 2018, entre otros voluntariados en los que participé donde la participación estudiantil llegaba a los cerca de 600 voluntarios.
Tal como trabajamos el 2017 en el libro Universidad y barrio. Dialogo entre dos saberes, publicado por medio de la Dirección General de Vinculación con el Medio, uno de los nudos centrales de la relación entre instituciones y territorio no es solo la forma de vincularse, sino el tipo de saber que se reconoce como legítimo. En contextos de catástrofe, la producción de conocimiento no puede quedar restringida al saber experto o técnico, pues son los saberes locales y comunitarios los que permiten comprender el territorio en su complejidad cotidiana, histórica y social. Cuando estos saberes son subordinados o ignorados, la intervención pierde capacidad de lectura territorial y se transforma en una acción externa, que reproduce jerarquías epistémicas y limita los procesos de reconstrucción social desde el propio territorio.
Desde esta perspectiva, los incendios forestales no solo exigen respuestas técnicas, sino también procesos de aprendizaje social y político, donde la participación ciudadana cumple un rol central. La intervención en el territorio debe orientarse a fortalecer capacidades locales y no a sustituirlas, promoviendo prácticas colaborativas, horizontales y de largo plazo. La catástrofe se convierte así en un momento pedagógico, donde universidad, comunidad y Estado pueden —o no— redefinir sus formas de relación y corresponsabilidad frente a la producción del espacio geográfico.
La experiencia acumulada en trabajos voluntarios y de intervención comunitaria, demuestra que el compromiso universitario con los territorios populares no es solo una acción solidaria, sino una práctica ético-política fundamental para una universidad pública. Cuando estas prácticas se debilitan, no solo se pierde presencia territorial, sino también una forma de comprender críticamente el modelo de desarrollo que produce vulnerabilidad y catástrofes recurrentes. En este sentido, los incendios forestales vuelven a recordarnos que no hay nada nuevo que contar, salvo la urgencia de reconstruir vínculos, organización y responsabilidad social desde ellos diferentes espacios donde nos consideremos agentes políticos transformadores.
UPLA.cl
Noticias de la Universidad de Playa Ancha Dirección General de Comunicaciones
