Fue el 3 de noviembre cuando la usuaria @MelissaVMB subió a su cuenta de Twitter el primer video de «el que baila, pasa», la cuestionada protesta que consiste en hacer bajar a los conductores de sus vehículos para que bailen y puedan continuar su camino. Sin embargo, la manifestación recién se hizo conocida a nivel nacional el pasado miércoles 6 de noviembre, cuando unos jóvenes replicaron la protesta en la Ruta 60 CH de La Calera y, al día siguiente, en Viña del Mar. La usuaria @domninam fue la primera en compartir el video de los cementeros, según verificó La Estrella a través de un filtro de búsqueda en la red social.
Desde entonces, diversas autoridades han entregado su opinión al respecto, siendo la más comentada la del diputado Javier Macaya (UDI), expresidente de la Comunidad Judía de Chile «Shai Agosin», quien en el matinal de CHV expresó: «Es una práctica fascista (…) Es una pérdida de dignidad y pérdida absoluta de un derecho fundamental que es el derecho a circular». Para ilustrarlo, el parlamentario mencionó una escena de la película «El pianista», del director Roman Polanski, en donde «el judío tenía que bailar para poder pasar».
«Es algarabía»
Para Francisco Báez, docente del departamento de Sociología de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) y doctor en Sociología, la protesta está lejos de ser fascista. «Lo que pasa es que la elite actual está bastante acorralada frente al movimiento social y frente a la explosión social que hemos vivido hace un mes. Se inventa historias para criminalizar todo tipo de protesta ciudadana y le empieza a poner categorías», sostiene.
El académico afirma que «la manifestación del quien baila, pasa, es simplemente algarabía, alegría y fiesta ciudadana callejera, que lo que está haciendo es reunirse y enfrentar de manera común un conjunto de prácticas estatales que vienen pauperizando a la población desde hace 30 años».
Báez agrega que «la gente estaba realmente angustiada, no daba para más y explotó. Respecto de las formas más felices y más festivas de protestar, eso lo podemos rastrear al 2011, cuando se dieron distintas manifestaciones en el movimiento estudiantil, donde de manera pacífica se protestó con bailes».
El sociólogo, además, dice que no advierte maldad en la actitud de la población. «No creo que haya algo malo ni de totalitario, simplemente es la algarabía de la calle para intentar pasarlo bien en una situación y en un momento de angustia colectiva tremenda», enfatiza.
Fuente: Texto completo en La Estrella de Quillota, viernes 22 de noviembre de 2019, página 2.
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