
«Como sabemos, las elites comerciales y financieras globales -en reemplazo de las industriales- montaron un esquema liberal autoritario –el llamado neoliberalismo- que les permitiese, por un lado, volver a dirigir el proceso de producción completo de la sociedad, y, por otro, dejar de cooperar con esta (de hecho, dejaron de financiarla). Todo esto, por medio de un proyecto político, económico y cultural que recompuso el poder de clase perdido por la instauración del contrato social de post guerra (el cual restringía su capacidad de acumulación y apropiación), y bajo el propósito final de intentar erigirse como un poder político, económico y cultural monopólico ajeno a restricciones externas de todo tipo. En esa dirección, ver los trabajos de Harvey, Brown, “Bifo”, o Streeck, por ejemplo.
¿Qué hicieron?
Destruyeron el pacto social de post guerra buscando mandarse solos y lo consiguieron. Se sirvieron de la teoría económica neoclásica y dejaron de cooperar con el bien público. Fue la venganza después de las restricciones y de tanta nacionalización y de lo que ellos denominan expropiación (según el republicanismo democrático o plebeyo, expropiación es lo que ellos hicieron cuando se apropiaron de todo: primero recursos de uso común, y luego tanto bienes públicos como el resultado del trabajo de todos). Dejaron de trabajar para la sociedad (volvieron a dirigir el proceso de producción social y empezaron a trabajar solo para ellos) y dejaron de financiarla (dejaron de pagar impuestos). Hasta se fueron a vivir solos (caso del actual y bullado guetto ABC1 de las tres comunas en la ciudad de Santiago, por ejemplo).
¿Nuevos escenarios?
No obstante, después de 40 años de supremacía integral absoluta, existen evidencias tanto del fracaso social, económico e institucional de dicho proyecto, como del empoderamiento actual de los sectores populares y medios. De hecho, a nivel global la estructura de oportunidad política es propicia para el cambio social impulsado por las grandes mayorías. En ese sentido, esta crisis de hegemonía debe ser aprovechada por la ciudadanía y los sectores democráticos para: (1) implementar una agenda transformadora que revierta la cultura de las libertades individuales impuesta por el capital financiero global; (2) reponer la cultura de los derechos sociales que tanto se necesita para poder re instalar -a nivel global- una cultura democrática de carácter igualitario y no extractivista; y (3) desmontar los procesos de concentración de poder que han venido promoviendo procesos de apropiación ilegítima de recursos, pero que también han venido desincentivando la participación público-política, destruyendo toda fuente de legitimidad de las instituciones de la modernidad.
¿Desde dónde pensar este cambio?
Creemos que desde la idea republicano-democrática -o plebeya- de la libertad material incondicional, es decir, a la idea de que la libertad es colectiva (la libertad individual se desprende de la colectiva), y a la idea de que la libertad depende de la autonomía material garantizada por la comunidad política.
¿De qué hablamos cuando decimos republicanismo democrático o plebeyo?
Nos referimos a la fecunda y maciza tradición filosófica y política del republicanismo plebeyo o democrático que va desde Maquiavelo a Marx, pasando por cierto Smith, por cierto, Locke, por Jefferson, por Paine, por Robespierre y el Partido de la Montaña, por los héroes de la Revolución Mexicana, por Allende, entre otros. Ahora bien, en términos contemporáneos podríamos mencionar los trabajos de Skinner, Pocock o Pettit, autores que han cobrado una importancia superlativa en este último tiempo en el ámbito de la recuperación del republicanismo democrático en su versión académica. Sobre la recuperación del republicanismo democrático plebeyo en su versión política, ver específicamente los trabajos del filósofo catalán Antoni Domènech.
Respecto de esto, por ejemplo, en la Universidad de Playa Ancha, y particularmente en el Departamento de Género, Política y Cultura de la Facultad de Sociales, un grupo de académicas, académicos y estudiantes estamos tratando de promover este enfoque. Desde las instalaciones de una universidad pública regional -jaloneada durante cuarenta años por el neoliberalismo económico, político y académico-, buscamos pensar diseños institucionales multi tarea que compatibilicen derechos sociales universales, dignidad de las personas, crecimiento económico, justicia social e igualdad de oportunidades real entre clases, géneros, identidades y pueblos.
Pues bien, ¿Qué hacer?
Creemos necesario construir un nuevo pacto o contrato social que obligue a la elite comercial y financiera a trabajar para todas y todos, a contribuir al bien público, a financiar la sociedad. De hecho, por ahí incluso se dice que hay que volver a obligarlos a hacer de capitalistas (crear empleo, pagar impuestos, etc.). Efectivamente, la oligarquía, en formato bancario financiero, logró correr en 30 años el cerco de lo posible. El desafío ahora es desarmar esos cercos y volver a plantear una democracia social que eche por tierra el Estado subsidiario.
¿Cómo lograrlo?
Redistribuyendo poder. Esto es, fundamentalmente diseñando instituciones que vuelvan a girar en torno a los derechos colectivos y no únicamente en torno a las libertades individuales; poniendo en equilibrio derechos y deberes, acentuando en dignidad y no en rentabilidad, construyendo integración y tejido social, promoviendo la idea de que la libertad es colectiva y no únicamente individual, terminando con la libre circulación de capitales (y con la posibilidad del chantaje de llevarse la plata a otras latitudes), y fomentando la idea de sueldo máximo, de la necesidad de renta básica universal de ciudadanía, de la contraloría ciudadana, de la revocación del mandato, del control civil efectivo de las FFAA y de orden, del fin del sistema impositivo desintegrado, y del término de las exenciones ilegales e ilegítimas del pago de impuestos directos. Recordemos que la democracia hay que financiarla, y para ello, quien gana más debe pagar más. Así de simple».
UPLA.cl
Noticias de la Universidad de Playa Ancha Dirección General de Comunicaciones
