Por estos días el mundo ha sido testigo, a través de la pantalla de televisión y en plena pandemia por coronavirus, de la excelencia deportiva, de récords olímpicos, de historias de superación personal y de batallar más allá de lo que el cuerpo puede rendir. Pero también hemos visto en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 la frustración de no quedar entre los mejores, de fallar porque somos humanos y de abandonar la competencia, porque la salud mental está afectada.
En este contexto la Dirección de Deportes y Recreación de la Universidad de Playa Ancha, junto al Club Deportivo Crucianos de Valparaíso, invitó a su ciclo de charlas educativas para una Vida + Saludable a quien ha sido entrenador jefe de la selección brasileña de atletismo en los Juegos Olímpicos de Río 2016, Londres 2012, Pekín 2008 y Sídney 2000, Ricardo D’Angelo.
En el encuentro, el Dr. en Ciencias del Deporte por la Universidad Estatal de Campinas se refirió de manera detallada a la historia de una de las leyendas atléticas de Brasil, Vanderlei Cordeiro de Lima, quien bajo su orientación alcanzó una medalla olímpica y triunfos en Juegos Panamericanos y
campeonatos mundiales de maratón. También expuso sobre el legado y contribución social de este atleta, el Instituto Vanderlei Cordeiro de Lima, el cual coordina.
El deportista brasileño quedó en la retina del público en Atenas 2004 cuando perdió la posibilidad de ganar el oro en la maratón, luego de que un fanático religioso irlandés lo empujara en el kilómetro 36. Pese al incidente, el atleta continuó la carrera y se colgó la medalla de bronce.
— ¿Cuándo empezó a trabajar con Vanderlei Cordeiro?
— En 1992 en el Club de Campinas, lugar donde por problemas de salud del entrenador a cargo de la categoría adulta, me asignaron el entrenamiento de dichos atletas. Allí conocí a Vanderlei. Yo, sin mucha experiencia en pruebas de fondo, porque era atleta de velocidad y recién comenzaba como entrenador, inicié el trabajo con él y otros deportistas. Fue una verdadera escuela para mí. Vanderlei tenía 27 años cuando comenzamos a trabajar en maratón y pensar en un ciclo olímpico.
— Para usted, ¿cuáles son las principales cualidades que hicieron de su pupilo el atleta que fue?
— Su principal cualidad es la disciplina. Él no fue la mejor potencia física de Brasil, fue Top 5. Pero la disciplina, responsabilidad, capacidad de foco y su concentración, que nada permitiera que lo desenfocara de su objetivo, son sus principales cualidades. Esa disciplina y determinación lo llevaron a concluir en el puesto 41 el maratón de los Juegos Olímpicos de Atlanta ’96 con los pies heridos y sangrando, por ocupar unas zapatillas nuevas de su auspiciador Nike. O finalizar en la ubicación 75 en los Juegos Olímpicos de Sídney 2000 solo por la voluntad de terminar y con una lesión previa en el pie, que impidió un entrenamiento fuerte. Esa misma determinación y disciplina lo llevaron a ganar el maratón de Sao Paulo en 2002 con un registro de 2:11:19 que, hasta hoy, ningún deportista ha podido mejorar. Su focalización quedó demostrada también al iniciar el año 2004, el de su medalla olímpica, con una fractura de clavícula por un accidente de bicicleta de montaña, que logró superar, para tres meses después cruzar con dolor en el brazo izquierdo la meta de la maratón preolímica en Hamburgo.
— Y como entrenador ¿qué pasó por su cabeza cuando en plena maratón de Atenas y liderando la prueba, un sujeto saca a Cordeiro de Lima de la calle?
— Locura. Casi lloré. Pensé «todo un trabajo de 12 años por nada». Fue un golpe para mí, porque nunca había ocurrido algo así. Fue muy fuerte, porque además fue una agresión. Mi primera preocupación era si Vanderlei estaba bien, porque no se sabía si el agresor tenía un arma, pero cuando volvió a correr me quedé un poco más tranquilo. Mi siguiente preocupación eran los atletas que venían detrás y que lograron adelantar a Vanderlei 10 minutos después (el incidente con el fanático religioso duró 28 segundos), lo que evidencia que él estaba en una superforma física y mental también, porque no se dejó abatir. Nosotros habíamos planeado meternos dentro de los 10 primeros en esta prueba. Vanderlei continuó la carrera y logró medalla de bronce.
El Comité Olímpico Internacional como una forma de enmendar lo ocurrido, le otorgó la medalla Pierre de Coubertin por su extraordinaria demostración de juego limpio y valores olímpicos. Cordeiro quedó contento y perdonó al agresor. Y, en los Juegos de Río 2016, el exatleta fue designado para portar la antorcha olímpica y encender el pebetero. «Eso fue como haber recibido la medalla de oro de Atenas».
— La gimnasta Simone Biles en los actuales Juegos Olímpicos, reconoció problemas de salud mental, abandonando la competencia. ¿Enciende aquello una alarma a los entrenadores respecto de abordar en igualdad de importancia el aspecto físico como psicológico de sus deportistas?
— Todos los deportistas de alto rendimiento tienen un equipo multidisciplinario con psicólogos especialistas en deportes. Estoy seguro de que Simone Biles tiene el mejor equipo de apoyo. Ella es una atleta muy laureada y tengo un sentimiento mixto sobre esta situación. Por un lado, respeto mucho su estado mental. En otros tiempos ella sufrió la misma presión y la superó, pero ¿qué pasó ahora que no pudo continuar? Por otro lado, ella no respetó a la comunidad gimnástica de Estados Unidos, porque tomó la decisión en la Villa Olímpica, cuando ya no era posible reemplazarla. Pienso en la gimnasta que se quedó en Estados Unidos, porque Simone Biles ocupó su espacio en la selección estadounidense. ¿Por qué no tomó la decisión antes? Porque los problemas psicológicos no aparecen ni se solucionan de un día para otro, implican un proceso. Por su salud mental hizo bien en abandonar, pero deben saber que el deporte de alto rendimiento es siempre presión.
Legado social
En 2007, después de la Maratón de Río, el atleta se retiró de la competencia e inició junto a Ricardo D’Angelo la creación del Instituto Vanderlei Cordeiro de Lima con la idea principal de ofrecer a niños carenciados oportunidades que el exatleta no tuvo en la infancia.
En 2008 fundaron este espacio, que hoy es un referente en la detección, desarrollo y acompañamiento de talentos deportivos, impactando a 243 niños y sus familias desde los 6 años.
— ¿Cuál es el concepto de esta institución?
— Esta institución sin fines de lucro se creó bajo el concepto de educar y formar de manera integral a través del deporte y con los valores olímpicos, a niños, adolescentes, jóvenes y adultos de todas las clases sociales. Es un proyecto abierto, enfocado a aumentar el número de jóvenes involucrados en el atletismo, estimulando en ellos el desarrollo intelectual, ofreciéndoles oportunidades de desarrollo en las distintas especialidades del atletismo, así como de participación en competencias, y proporcionando una perspectiva profesional en el deporte.
— ¿Qué beneficios reciben los niños que ingresan al instituto?
— Tenemos un equipo multidisciplinario de profesionales que apoyan a los niños en el ámbito nutricional, transporte para entrenamiento y competencias, vestimenta deportiva, asistencia médica, fisioterapéutica y psicológica. Esto último tanto a niños como a sus familias, lo que es determinante para nuestro proyecto. Proporcionamos también apoyo escolar. Trabajamos en red con los profesores de educación física y la Federación de Atletismo de Sao Paulo. Todo esto tiene un solo mensaje: que el deporte de alto rendimiento tiene un impacto muy grande en las personas, como en Vanderlei, porque es una herramienta de formación integral.
Ricardo D’Angelo viaja a Chile desde 2006 para asesorar a entrenadores y deportistas en mejorar métodos de entrenamiento y estrategias atléticas, además de contribuir con su experiencia en la alianza forjada entre la Fundación ECAM (entidad que levanta esperanzas a la infancia de hogares de menores), el Instituto Vanderlei Cordeiro de Lima y el programa “Deportes por un Sueño”.
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