Estudiantes desarrollan poco convencional taller literario

Una innovadora y poco tradicional idea llevaron a cabo dos estudiantes de Pedagogía en Castellano unidos por el interés en descubrir y explorar nuevos y fértiles terrenos. Juan Arellano y Raimundo Nenen, facilitadores e impulsores del proyecto, llevaron adelante un taller literario surgido como una alternativa creativa al curso de Acción Valórica/Acción Comunitaria de “Lectura y Escritura Creativa en Escuelas de Alto Riesgo Social”, de la Dra. Marcela Prado Traverso.

La particularidad de esta idea es que los jóvenes de la UPLA desarrollaron un proyecto de trabajo cuya piedra angular fue promover la literatura en un grupo de pacientes del Hospital Siquiátrico del Salvador, cuyas edades fluctúan entre los 15 y los 70 años. Así, explorando en la relación entre la literatura y la pérdida de la cordura, los estudiantes cursaron 50 horas pedagógicas para aprobar el curso, continuando el taller entre octubre de 2008 y diciembre de 2009 como método para dejar registro de la experiencia y presentarla como proyecto de título.

¿Cómo fundamentaron su proyecto?

«Creemos que el libre compartir de experiencias pedagógicas es un poderoso método de formación horizontal entre pares, he aquí la importancia de la sistematización de experiencias como metodología de trabajo para la intervención social. Por otro lado, el desempeño docente en los que llamamos “ambientes no convencionales” de enseñanza es algo sobre lo que no se habla mucho en nuestra universidad y, sin embargo, creemos que es un interesante camino a la realización personal del pedagogo, donde además podemos experimentar con ideas poco ortodoxas sobre la educación».

¿En qué consistió?

«Consistió en la intervención de un ambiente no convencional de enseñanza -la Unidad de Mediana Estadía del Hospital Siquiátrico del Salvador- con el objeto de establecer relaciones entre la comunidad y la UPLA, buscar nuevos espacios para la formación y desarrollo docente, y fomentar la escritura y lectura creativa como herramienta terapéutica al servicio de los pacientes de la Unidad de Mediana Estadía del Hospital

Para ello realizamos un taller literario de escritura y lectura creativa y se autogestionó la edición de una antología poética del taller con tapas de cartón, se publicaron cuatro números de la revista del taller y antologías individuales del material creado por cada uno de los participantes, manufacturadas -facilitamos talleres de empaste y encuadernación-,y comercializadas por ellos mismos en los alrededores del hospital y la UPLA. También participamos en el encuentro «El arte lo/cura» en el marco de los Carnavales Culturales 2007″.

¿Qué resultados lograron registrar?

«En la respuesta anterior hablamos de algunos logros, por ejemplo de nuestras ediciones independientes como taller. Otro logro importante es la experiencia de una interna que luego de obtener el alta y pasar a un tratamiento más ambulatorio, comenzó como monitora de su propio taller en el hospital de Quilpué que la atendía. Apareció un día en nuestro taller pidiéndonos ayuda y consejo junto a una de sus talleristas.

Pero el logro más importante de todos debe ser el ambiente de libertad festiva, de libre expresividad, sin censuras, que creó nuestra iniciativa, al menos durante las dos horas a la semana en que llegábamos con nuestras propuestas a la UME.

En lo relativo a nuestra universidad, nos gustaría lograr flexibilizar las metodologías de investigación, es decir, que con nuestro trabajo se legitimara la posibilidad de trabajar en los seminarios de tesis con formatos o estructuras alternativas, más enfocadas hacia la educación popular, como lo es la sistematización de experiencias. Creemos que es necesario actualizar las visiones y no poner trabas a la innovación».

¿Cómo incidió en su experiencia profesional y personal?

«Fue una experiencia riquísima, tanto en lo profesional como en lo personal. Principalmente porque nos permitió aplicar modelos pedagógicos poco explorados y desarrollados, en el espiral de la educación libertaria o antiautoritaria o anarquista, demostrando que es posible alcanzar logros pedagógicos significativos en base a relaciones de afecto, horizontales, no coercitivas. En el plano personal, nos quedamos con el cariño y el recuerdo de personas maravillosas, cuya peculiaridad las mantiene confinadas y marginadas en el hospital. No obstante, nos choqueó la similitud entre el liceo y el hospital siquiátrico».

¿Qué elementos debieron innovar considerando el tipo de lenguaje del espacio intervenido?

«La mayor innovación -que no es nada nuevo, pero que hace falta recordar- fue acercarse a los pacientes/participantes/estudiantes como si fuesen otro yo u otro tú, que lo son… Es decir, sin prejuicios ni tratos especiales, estableciendo relaciones cariñosas a través del diálogo y el respeto, enfocadas a lograr la autoafirmación de sus experiencias y por lo tanto de su escritura. El discurso de las instituciones psiquiátricas, al igual que el de los liceos, es jerárquico y autoritario. Nosotros para palear un poco esta situación impusimos la participación voluntaria al taller, de esta forma logramos resignificar la lógica del lenguaje/ discurso en el lugar… aunque sólo por las 2 horas semanales que duraba el taller».

¿Qué tipo de patologías debieron enfrentar con su metodología de intervención?

«Las mayores patologías que debimos enfrentar fueron la patologización de la peculiaridad, de la diferencia, de las alteridades de la consciencia que escapan al modo consensual de reproducción social; y el autoritarismo y la prepotencia de los “tratamientos” farmacoideológicos. Hay algo que no huele bien en la exuberante proliferación de farmacias, terapeutas, tratamientos y diagnósticos. Un ejemplo de patologización en lo educacional es la cada vez más frecuente derivación de los «niños problema» al sicólogo o sicóloga por parte de los profesores y profesoras, de ahí muchas veces los derivan al siquiatra para que los «medique» y los niños vuelvan a las aulas dopados como zombies, y los profes pueden hacer sus clases más tranquilos».

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