En el marco de la segunda sesión del Curso de Metodología para la Investigación Científica Aplicada, el programa de Magíster en Ciencia de Datos y Medio Ambiente realizó un taller fundamental sobre la ética en la producción de conocimiento. La instancia, que forma parte de la propuesta académica innovadora de este postgrado —el cual integra la ciencia de datos con las ciencias ambientales—, se centró en cómo las nuevas tecnologías están redefiniendo los límites de la propiedad intelectual y la honestidad académica en el siglo XXI.
El encuentro contó con la exposición principal del doctor Ronald Durán Allimant, destacado académico de la Facultad de Humanidades y especialista en filosofía de la tecnología y bioética. Durante su intervención, el Dr. Durán realizó un recorrido crítico por las dimensiones de la ética científica, subrayando que la investigación no es un acto aislado, sino una actividad colectiva que depende estrictamente de la confianza y el reconocimiento mutuo entre pares, valores que hoy se ven tensionados por el uso de herramientas automatizadas.
Uno de los puntos centrales de la jornada fue la vigencia de la Declaración de Singapur, el estándar global que rige la integridad científica a través de principios como la honradez, la responsabilidad y la imparcialidad. El expositor advirtió que, aunque estos principios parecen universales, su aplicación se vuelve difusa cuando la inteligencia artificial interviene en procesos críticos como la redacción de manuscritos o la revisión por pares, donde la confidencialidad de los datos originales podría verse comprometida.
Sobre la evolución de la figura del investigador, el doctor Durán Allimant afirmó que “la noción de autoría en la ciencia moderna surge en el mismo periodo en que empieza a configurarse el sujeto moderno. En la ciencia se comparte y se colabora, pero esa confianza está asociada al reconocimiento del rol que juega cada uno y al prestigio que eso implica”.
El taller también abordó casos recientes de malas prácticas, como la fabricación de datos y el plagio, vinculándolos con la creciente presión por publicar. Se discutió cómo la IA generativa no solo facilita la creación de textos, sino que ha dado pie a «granjas de resúmenes» y artículos que desafían los sistemas de detección de las universidades. Esta situación pone en jaque el modelo tradicional de evaluación científica, obligando a las instituciones a repensar sus mecanismos de fiscalización.
En cuanto al impacto sistémico de estas tecnologías en la academia actual, el académico de la Facultad de Humanidades reflexionó: “El uso de IA generativa es, a mi juicio, simplemente la última expresión de un modelo de hacer ciencia que ya está instalado hace bastantes años; pone en cuestión algunos de los pilares básicos de cómo se entiende la ética de la investigación y la ciencia moderna”.
La sesión concluyó destacando que la excelencia académica y la rigurosidad científica son sellos transversales del programa de magíster. Ante un escenario donde el 21% de algunos manuscritos en conferencias internacionales ya presenta huellas de intervención algorítmica, la formación en ética se vuelve una herramienta indispensable para los futuros magísteres, quienes deberán liderar investigaciones que equilibren el poder tecnológico con el bienestar social y la transparencia.
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