El aporte estratégico de las universidades regionales

Una convicción válida en todos los países, sociedades y culturas es que la educación es la base para su desarrollo y bienestar. En Chile, ella fue tempranamente asumida como un camino para entregar progreso tanto material como espiritual a las personas que habitan nuestros territorios. Primero fue el desarrollo de la educación primaria, luego la secundaria y posteriormente la terciaria o de nivel superior.

En ese contexto, fueron emergiendo las 22 universidades regionales del CRUCH que proveían formación, generaban conocimiento pertinente, realizaban labores de extensión artística y cultural, y vinculación con el medio. Además, debían asumir las anomalías de nuestro proceso de desarrollo, principalmente acoger a sectores vulnerables, combatir el centralismo y apoyar los procesos de desarrollo de sus comunidades y territorios.

Actualmente, las integrantes de la Agrupación de Universidades Regionales (AUR) acogen a 275 mil estudiantes en pregrado y posgrado, 32% del total nacional. En esto procuran la formación integral de personas, con capacidades técnicas y valores, buscando satisfacer las necesidades y desafíos que enfrentan las comunidades locales.

La formación profesional básica se ha complementado con postítulos y posgrados que generan recursos humanos con alta calificación y especialización, preparados para los crecientemente complejos retos de los cambios culturales, sociales, tecnológicos y ambientales.

El variado quehacer de las universidades de AUR hace más atractiva la vida en regiones y ayuda a detener la histórica y anómala fuga de talentos.

La riqueza y diversidad sociocultural ha sido un sello distintivo de las universidades regionales. Así, ellas han incorporado una alta proporción de estudiantes de pueblos originarios, personas en situación de discapacidad y de mujeres, particularmente en carreras históricamente asignadas a los hombres.

Asumir el centralismo y desigualdades regionales les implica acoger una matrícula de hogares vulnerables y con serias brechas de escolaridad. Esto demanda programas de nivelación, acompañamiento psicosocial y otros que requieren esfuerzos administrativos, administrativos y económicos, lo que además incide en la extensión del periodo de titulación.

Sin dejarse aplastar por estos formidables desafíos, las universidades regionales se han esmerado y logrado alcanzar los mayores niveles de calidad en su quehacer. Pero más que la validez de los fríos indicadores que plantea la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), está la evaluación ciudadana: las comunidades regionales, en los diversos estudios de opinión, las consideran las instituciones con mayores niveles de confianza y legitimidad, que entregan una relevante contribución a los territorios y su desarrollo.

 

Carlos González Morales
Rector Universidad de Playa Ancha
Vicepresidente Agrupación de Universidades Regionales

 

Fuente: opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, sábado 24 de enero de 2026 (acceso solo para suscriptores).

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