Elliot Martínez González, en el marco de la Beca Santander, gestionada a través de la Dirección General de Relaciones Internacionales de la universidad, realizó una estadía de intercambio durdante seis meses en la Universidad de Málaga, en la costa sur de España. Sobre su experiencia, nos contó lo siguiente:
¿Qué fue lo que te motivó a postular a este programa de intercambio?
Lo que me impulsó a dar el paso fue tener la oportunidad única de conocer otro tipo de educación, tanto a nivel universitario como en la Educación Parvularia. Tenía muchas ganas de empaparme de otras maneras de educar y hacer escuela. A eso se le sumó, por supuesto, la valiosa oportunidad de conocer un lugar del mundo en el que nunca antes había estado.
¿Cómo describirías la experiencia en general? ¿Fue realmente lo que esperabas?
La experiencia fue sumamente variada y enriquecedora, tanto a nivel profesional como académico. Aprendí sobre nuevas perspectivas de la educación, metodologías, técnicas y autores. Incluso me encontré con contenidos teóricos que ya conocía, pero abordados desde otro ángulo, lo cual significó un gran beneficio para mi formación.
En cierto modo sí fue lo que esperaba, especialmente al enfrentar asignaturas con sus respectivos desafíos académicos. Sin embargo, también me sorprendí gratamente al ver la dinámica de funcionamiento de cada clase y la forma en que cada profesor o profesora impartía sus contenidos.
En todo viaje hay momentos complejos y otros gratificantes. ¿Cuál fue tu mayor desafío y cuál tu mayor satisfacción?
Para mí, el mayor desafío fue verme solo en un país donde no conocía a nadie y tener que buscar alojamiento por mi cuenta durante los primeros días. Asimismo, implicó un reto adaptarme a ser el «nuevo estudiante» en otra institución: me vi obligado a interactuar, preguntar, hacer trabajos grupales con distintas personas e informarme sobre la normativa educativa en España, que aunque tenía lineamientos similares a los de Chile, presentaba grandes diferencias.
En cuanto a las satisfacciones, una de las principales fue cursar la asignatura Didáctica de la Educación Infantil, impartida por la docente Lorena del Pino. En ella aprendimos mediante un proyecto integrador que vinculaba tres asignaturas, cuya propuesta final consistió en diseñar distintas experiencias educativas para los niños y niñas de la Escuela de Educación Infantil Pinolivo, situada en Marbella. Ver ese impacto directo fue realmente gratificante.
¿Qué tipo de apoyo recibiste por parte de la UPLA y de la universidad de destino?
Por el lado de la UPLA, el principal apoyo consistió en las orientaciones para postular a la Beca Santander. Además, la Dirección General de Relaciones Internacionales se puso en contacto conmigo un mes después de haber viajado para saber cómo iba mi estadía. También me ofrecieron una sesión con una psicóloga de la universidad, quien me indicó que se podía gestionar un acompañamiento más prolongado si lo requería.
Por parte de la Universidad de Málaga, me asignaron una tutora con quien me comunicaba por WhatsApp. Ella me ayudó muchísimo a resolver dudas sobre la inscripción de asignaturas y a aclarar diversas situaciones académicas.
¿Cómo lograste conectar y entablar buenas relaciones con tus compañeros en España?
Sinceramente, creo que la clave fue mantener siempre una buena disposición para interactuar, trabajar en equipo y realizar preguntas en clases. También ayudó mucho compartir mis propias experiencias pedagógicas y contrastar las realidades educativas entre Chile y España, lo que generó conversaciones muy enriquecedoras.
¿Qué aprendizajes te dejó la cultura del país anfitrión?
Aprendí muchísimo sobre la cultura española, desde los variados acentos según la región, hasta la gastronomía típica y la historia de los pueblos que habitaron el territorio. Me sorprendió de manera muy especial descubrir la enorme herencia árabe que conserva España en su arquitectura, modales, alimentación y vocabulario. Comprender cómo esa influencia también trasciende a la cultura chilena fue un aprendizaje fascinante.
¿De qué manera esta vivencia transformó tu mirada sobre el intercambio estudiantil y la movilidad internacional?
Cambió mi perspectiva por completo. Antes veía la movilidad internacional como algo lejano o reservado para otras personas. Vivirlo en carne propia me hizo tomar conciencia de los desafíos reales que enfrenta un estudiante extranjero, pero también de los enormes beneficios que aporta en el crecimiento académico y, sobre todo, personal.
¿Qué habilidades o conocimientos sientes que desarrollaste o fortaleciste durante estos meses?
En lo académico, profundicé en áreas clave como la documentación pedagógica, la enseñanza de las ciencias sociales en Educación Parvularia y la diversidad de recursos educativos dentro y fuera del aula. En lo personal, potenciaste mi capacidad de adaptabilidad y el trabajo en equipo, ya que al cursar cinco asignaturas con cinco cursos distintos, tuve que relacionarme con muchas personas y realizar entregas grupales en cada una de ellas.
¿De qué forma impacta esta experiencia en tu futuro profesional y personal?
El principal impacto es el aumento en mi autoconfianza. Me di cuenta de que soy capaz de adaptarme y superar grandes desafíos si me lo propongo. Eso me permite imaginar nuevos escenarios y metas para mi vida profesional, sintiendo que realmente tengo las herramientas para concretarlos.
¿Recomendarías este programa a otros estudiantes de la UPLA? ¿Qué consejos les darías?
Definitivamente se lo recomiendo a todos los estudiantes de la UPLA; los animo a tomar este desafío porque es una ganancia total que te hace crecer como persona. Y, en cuanto a los que podría recomendarles, les diría que sean rigurosos: Mantener el orden y la responsabilidad en todo el proceso (becas, visado, entregas académicas); resolver dudas a tiempo: buscar ayuda siempre que se necesite, ya sea con Relaciones Internacionales de la UPLA, la universidad de destino o los propios compañeros; Red de contacto: Si es posible, conversar con alguien que ya haya realizado el intercambio en ese país para contar con la orientación de alguien que vivió el proceso; y, disfrutar al máximo: viajar, recorrer monumentos, aprender de la historia y pasarlo bien descubriendo una nueva cultura.
Finalmente, ¿qué aspectos consideras que se podrían mejorar para futuras versiones del programa?
Sugeriría tres puntos: tener mayor claridad sobre los trámites de postulación a las universidades de destino desde el inicio; incluir una orientación básica sobre el proceso de obtención de visa; y facilitar el contacto entre el estudiante seleccionado y alumnos que ya hayan realizado la pasantía previa o se encuentren en el destino.
El testimonio de Elliot Martínez González refleja el valor transformador que poseen las experiencias de movilidad internacional en la formación universitaria. Más allá de la adquisición de nuevos contenidos teóricos y metodológicos en el área de la Educación Parvularia, el paso por la Universidad de Málaga le permitió desarrollar competencias transversales como la adaptabilidad, el trabajo colaborativo en entornos diversos y una mayor sensibilidad intercultural. El viaje de Elliot demuestra que cruzar fronteras no solo expande el horizonte profesional, sino que fortalece la confianza personal para enfrentar con éxito los retos del mañana.
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