Un año cumplió el taller de Orfebrería que ejecuta la Fundación de la Universidad de Playa Ancha en el Complejo Penitenciario de Valparaíso (CPV). Una experiencia inédita que tiene como grupo destinatario, aquellos reclusos que no están considerados en los programas de reinserción social y que forman parte de la población “más dura” del penal.
Esta iniciativa con el paso del tiempo ha contado con el apoyo de distintas instituciones para avanzar en su desarrollo. Ejemplo de ello, fue la inauguración en diciembre de 2015 de un espacio construído especialmente para el taller, que surgió fruto de las gestiones y recursos de la Fundación UPLA y la empresa Tres Montes. Además, del respaldo del SENCE, Gendarmería de Chile y los ministerios de Justicia y del Trabajo.
Los resultados de esta capacitación han dejado de manifiesto la importancia de proyectar el trabajo de los internos a través de una unidad productiva, que les permita vender sus productos y que posibilite su inserción social y laboral.
En esa labor está abocada la Fundación de la Universidad de Playa Ancha que lidera Ana Auger Vilugrón, quien junto a la directora académica Javiera Pareto analizan este nuevo escenario.
-Directora, ¿qué motiva a la Fundación UPLA a pensar en el Complejo Penitenciario de Valparaíso como espacio para desarrollar capacitación?
“Primero, porque al trabajar con la población penal estamos cumpliendo con nuestra Responsabilidad Social, ya que tanto la universidad como la Fundación tomamos la decisión de ampliar nuestro radio de acción, pensando en aquellos chilenos que lo pasan mal, que han cometido errores, pero que la sociedad tampoco les da muchas oportunidades para salir adelante”.
-¿Cuál es la evaluación que se hace al trabajo realizado en el CPV en 2015?
Javiera: “Es muy positiva, ya que este tiempo ha sido de producción de conocimiento para nosotros lo que nos permite tener mayores herramientas para incidir en la política pública en estas materias.
Esta experiencia nos permitió poner en valor a internos de la población refractaria, la más dura de la cárcel y constatar que son capaces de trabajar y de ejecutar técnicamente productos bien realizados. Hoy día se reconocen en su objeto de trabajo e incluso les cuesta creer que ellos lo hicieron, porque había una disociación como trabajadores, ya que no tienen experiencia en trabajo formal o en forma dependiente. Además, forman parte de los módulos 104 y 114, que es gente que está sin intervención y que en jerga coloquial se les conoce como “rematados”.
-En ese sentido, ¿cómo motivar a un grupo de personas que no tiene mayores anhelos, pensando en sus condenas?
Javiera: “Nosotros asumimos que parte de la motivación tiene que ver con los beneficios. Uno de ellos era el subsidio de herramientas, esa fue la motivación inicial.
Posteriormente, el desafío era que en el tiempo lograran advertir que podían hacer aprender un oficio y eso pasó. Fue un proceso significativo donde el énfasis no está puesto en el oficio está puesto en la resignificación de su experiencia y de su desarrollo personal”.
-¿Cuántos internos participaron y qué lograron realizar?
Javiera: “Terminamos trabajando con diez internos quienes participaron en jornadas semanales de tres a cuatro horas donde desarrollaron técnicas que les permitieron crear productos en base a alpaca y piedras, que tienen valor comercial y eso es lo que queremos relevar”.
-¿A través de qué acciones?
Ana: “Nosotros desde que comenzó este taller dijimos que no veníamos a hacer un curso de capacitación y después retirarnos. Lo que queríamos era, a través del tiempo, instalarnos como un referente de capacitación, pero pensando en una unidad productiva. La idea es tener empresas que compren los productos que van a hacer los internos y que ellos vayan viendo una posibilidad de inserción social y laboral.
Por tanto, nuestro interés el 2016 es seguir con esta iniciativa, no solo en el ámbito de continuarlo sino que también mostrar lo que ellos hacen a la comunidad y concretar la posibilidad de que puedan comercializar sus productos. Primero, porque la calidad de los trabajos así lo requiere, y segundo para mejorar sus expectativas de vida”.
-Directora, usted menciona dos ámbitos de acción: mostrar a la sociedad el trabajo de los internos y luego gestionar la creación de una unidad productiva al interior del CPV, ¿cómo avanzarán en esas líneas?
“Hace unos días estuvimos con el presidente del Senado, Ricardo Lagos Weber, quien se interesó por el trabajo que se desarrolla en el Complejo y accedió a organizar una exposición en el parlamento, en fecha por definir, que será el inicio de una muestra itinerante que considera el paso por el municipio y distintos espacios culturales de la ciudad.
Nosotros no solo queremos relevar la experiencia realizada sino también lo que se viene, porque con este tipo de actividades uno genera expectativas. Estas personas aprendieron un oficio y con ello pueden mejorar su situación futura, la idea es que mientras estén recluidos puedan trabajar”.
Javiera: “En ese punto, nosotros -como Fundación UPLA- queremos ser articuladores de otros actores e instituciones para generar una unidad productiva al interior del Complejo Penitenciario de Valparaíso como pueden ser Fosis, Sercotec, entre otros.
Eso nos permitirá abordar otras temáticas personales y laborales, ya que la unidad productiva tiene un alcance mayor para los reclusos, porque cuando están en la cárcel pierden el derecho al trabajo. Creemos que establecer unidades de trabajo es el mejor modelo de reinserción social que pueden tener y nosotros queremos aportar a cambiar ese enfoque. Creemos que podemos aportar a esa mirada”.
-Javiera ¿cuál es la percepción de los beneficiarios respecto a esta posibilidad?
“Existe ansiedad, pero también confianza en lo que estamos haciendo. Nosotros logramos -que es el sello que tiene la Fundación- generar confianza y construir un vínculo pedagógico con ellos, ya no como internos sino en condición de estudiantes.
En ese sentido, ellos están muy entusiasmados participando en el taller de Orfebrería que además cuenta con el apoyo del jefe del Complejo, Tito Barriga Chacón, quien ha sido un gran facilitador en este proceso.
Actualmente, el taller está a cargo de dos profesores uno de oficio (joyero), Marcos Honorato Montt, y otro de desarrollo humano, Fédor Sánchez Piderit. Más otros dos tutores, Eduardo Cerda y Marcelo Cifuentes, que trabajan con los internos en la elaboración de planes de negocios y actividades de desarrollo humano”.
Ana: “De este modo, nosotros estamos desarrollando un programa de formación laboral para personas privadas de libertad que les permite promover sus competencias para que se reencuentren y se reconozcan como personas y como trabajadores. En esa labor estamos abocados como Fundación UPLA, ya que creemos en este proyecto que asumimos desde nuestra responsabilidad social universitaria”.
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