«Es importante entender que el patrimonio hay que considerarlo desde la perspectiva de la sociedad como la herencia de diversos bienes naturales o culturales, a lo que se une la existencia tangible o intangible del mismo, lo que en síntesis debe estar adscrito a una plataforma territorial. Esta última se comporta como un sistema abierto, por lo que los recursos patrimoniales están afectos a diversas acciones de alteración, que provocan constantes cambios no solo en los bienes y manifiestos, sino también, en el paisaje en los cuales están localizados.
Ejemplo de lo anterior es la erosión eólica y marina que está afectando en el desgaste de la Portada de Antofagasta. Situación que se ve acelerada en el Campo de dunas de Concón, área que se ha visto intervenida no solo por su evolución físico-natural sino también y, en las últimas dos décadas, por la actividad inmobiliaria, la cual ha provocado una humanización acelerada y poco respetuosa de la preservación, dado que lo que orienta el proceso constructivo es el lucro. Por lo mismo, para efectos de la protección y preservación de este ecosistema marino litoral, se ha reducido su extensión natural en una franja de protección (santuario de la naturaleza), conocido como el “Campo Dunar de Punta Concón”.
Sin duda, que estos y otros espacios a diversas escalas territoriales reciben diversos usos, destacando el lúdico y el turístico en sus diversas modalidades las que al servirse de estas realidades, impacta en diversos ámbitos a la comunidad local, generando una cadena complementaria de bienes y servicios a quienes visitan los atractivos, cualquiera sea su tipología. Sin ir más lejos, la ciudad de Valparaíso, que luego de ser declarados varios sectores de la misma como “Patrimonio Cultural de la Humanidad”, se asentaron en estas áreas una variedad de alternativas socio patrimoniales, que desencadenaron procesos de gentrificación, cuya orientación ha tenido efectos positivos en el desarrollo local porteño.
Sin embargo, estos casos a nivel nacional o internacional se han visto afectados en este año por la pandemia del Coronavirus, que ha provocado una disminución de los flujos de personas, condición que ha determinado que la conservación de los recursos patrimoniales se haya recompuesto en la calidad ambiental. En este sentido, por ejemplo, Venecia disminuyó la turbidez de las aguas, en otras ciudades ha mejorado la calidad del aire, así como otros aspectos, sin embargo, el impedimento de acceder a los sitios patrimoniales ha desencadenado pérdidas en lo socioeconómico, así como múltiples y negativas consecuencias.
Frente a dicho escenario la imaginación de los afectados ha llevado, entre otros aspectos, a la virtualización de su patrimonio y, en ese sentido, hay que destacar la acción que están llevando a cabo la Universidad de Playa Ancha, el Servicio Regional del Patrimonio Cultural de la Región de Valparaíso y el Museo de Historia y Arqueología de Aconcagua, entidades que han unido sus esfuerzos en lo humano, tecnológico y de la colección de piezas, para elaborar el primer museo virtual del Valle de Aconcagua. Este inédito material visual será expuesto en el venidero Día del Patrimonio, promoviendo por la plataforma de Internet el acceso al público, que podrá apreciar el patrimonio aconcagüino y las acciones de conservación que se desarrollan en este recinto cultural.
Finalmente, queda en claro que la promoción patrimonial no ha cesado por parte de las instituciones citadas u otras, lo que en definitiva demuestra que hay una búsqueda creativa por ofrecer alternativas de difusión para que las personas se acerquen remotamente a disfrutar de estas valiosas alternativas culturales».
Gastón Gaete Coddou, geógrafo y académico de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, Universidad de Playa Ancha.
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