Para Renata Quezada Farías, estudiante de Pedagogía en Inglés, la vida se detuvo y se reconstruyó de forma especial hace nueve meses, cuando nació su hija Libertad. Su rol de estudiante de la Universidad de Playa Ancha se transformó para convertirse, además, en el universo de una niña que solo sabe comunicarse a través del llanto, la risa y otras expresiones, y que depende plenamente de ella.
Renata habitó la casa de estudios amamantando en rincones, sobre el frío piso de las aulas, escondiéndose al final de las salas de clases; pero en la actualidad, ese paisaje de supervivencia cambió.
En el marco de la Ley 21.790 “Yo Cuido, Yo Estudio” (que protege los derechos de estudiantes de Educación Superior en situación de embarazo, maternidad, paternidad o que ejercen labores de cuidado), la UPLA dio un paso firme hacia una inclusión que no solo se declara en documentos, sino que se transforma en una realidad. Con la inauguración de la Sala de Lactancia Materna, ubicada en el segundo piso de la Casa Central (gracias a un esfuerzo conjunto de rectoría, la Dirección General de Desarrollo Estudiantil y la Comisión Lacta UPLA), la institución le dio dignidad al derecho a amamantar.
En la siguiente entrevista, Renata da cuenta de cómo un sillón acogedor, un dispensador de agua y un espacio de silencio, por ejemplo, son mucho más que mobiliario y comodidades; para ella, significan una red de seguridad que posibilita cumplir sus sueños académicos.
Se trata del relato de una madre que, entre la intensidad del postparto, la lluvia de emociones, la presión universitaria y las evaluaciones propias de su carrera profesional, encuentra en este nuevo refugio el respeto que su labor de cuidado merece. Asimismo, detalla los múltiples desafíos a los que se ha visto enfrentada en esta nueva etapa de su vida.
¿Qué significa para ti ser madre?
“Es superintenso, porque ha significado un cambio de vida, es como vivir otra vida. Todo lo anterior tiene que ser actualizado. Una de las grandes sorpresas que me trajo la maternidad, el postparto principalmente, fue que es un proceso absolutamente solitario. Entonces, mi vida de antes, que era una vida agitada, muy sociable, con muchas actividades, siempre corriendo de allá, para acá y de acá para allá (ahora volviendo a la universidad igual he tenido que retomar un poco la intensidad), por muchos meses, más de ocho, cambió para adaptarme a un nuevo ritmo y, en especial, conocer cómo comunicarme con mi bebé, que solo sabe llorar.
Ha sido reaprender todo, vivir una nueva vida, ha sido no tener tiempo para nada extra y estar dedicada exclusivamente al cuidado de un ser tan pequeño que solo depende de mí. Ha sido, sin lugar a dudas, un cambio de vida totalmente drástico y hermoso”.
¿Cómo ha sido compatibilizar la vida universitaria con la maternidad?
“Ha sido muy difícil, la verdad, porque son espacios totalmente diferentes. Uno muy ajeno del otro. Y lo que más me ha costado, ha sido intentar lidiar con la culpa, principalmente, de dejar a mi bebé para vivir este proceso; y el cuestionarme siempre o arrepentirme de no haberlo hecho antes. La culpa ha sido lo más difícil de poder complementar en esta nueva rutina”.
¿Qué dificultades encontraste antes de tener un espacio como esta Sala de Lactancia?
“Los primeros días de clases, la sala no estaba operativa, pero la abrieron en marcha blanca debido a la necesidad que existía. Antes de eso, tuve que dar pecho en un rincón de la sala, en el piso. Entonces, realmente, igual cambiaron harto las condiciones cuando se abrió la sala, porque se puede estar en un silloncito, en un lugar cerrado, con más silencio… son comodidades que antes de eso no existían.
La gran dificultad también, así como a modo personal, como Renata mamá, había sido la culpa. Entonces, me veía en ese escenario teniendo que dar el pecho en un rincón de la sala del piso o en un asiento, al final, intentando esconderme un poco; y me sentía muy culpable de estar dándole ese espacio a mi hija (lo cual se complementa con la respuesta de la pregunta anterior)”.
¿Has sentido apoyo y empatía por parte de docentes y compañeros?
“Principalmente de docentes, salvo pequeñas excepciones. Pero, en general, una no lo entiende antes de tener hijos, luego de ello, todo cambia; se nota de inmediato la empatía cuando las y los profesores han sido madres o padres.
Por primera vez en la vida (y eso también ha sido otro desafío), es que soy la persona que tiene más edad en un espacio. Siempre fui muy joven haciendo otras cosas, pero ahora soy la mayor y justo llegué con una bebé. En el caso de mis compañeros y compañeras, muchos salieron de 4º Medio el año pasado, por lo tanto, nunca han tenido contacto con el cuidado de otro ser humano.
Varios y varias son hijos menores, entonces, para ellos y ellas ha sido un descubrimiento, y al principio igual me costó encontrar esa empatía generalizada. Por ejemplo: a veces estaba en modo caos, intentando poner atención en clase o haciendo mil cosas a la vez con la bebé en brazos (antes de que ella fuera a la Sala Cuna), y con suerte alguien me ofrecía ayuda, a lo más dos personas. Entonces, eso fue algo que se ha ido dando. Ahora, ellos siempre están preocupados, me preguntan por cómo está mi bebé y todo eso, pero ha sido un proceso”.
¿Qué sentiste al ver por primera vez la nueva Sala de Lactancia en Casa Central?
“La verdad es que la primera vez que entré (cuando me avisaron que ya la podía usar), me impresionó harto, porque se da por sentada la existencia de estos espacios o, al menos, cualquier lugar en el que una pueda amamantar. Una va al Cesfam y no existe una sala así; una va al Registro Civil, tampoco; una va a realizar cualquier trámite, menos; una va a una clínica y tampoco existe. Entonces, siempre hay que estar arreglándoselas.
No había visto una Sala de Lactancia tan grande y cómoda. Igual lo que diré puede parecer simple para otros, pero realmente en ella hay cosas que marcan la diferencia, por ejemplo, un dispensador de agua, quizás nadie se imagina la sed que significa amamantar.
Y cuando entré a la sala por primera vez, fue como: ¡Wow! La encontré supergrande, amplia. El sillón supercómodo, tenía cojines de lactancia y tomé agua también. O sea, son pequeños detalles. Había un espacio donde lavarse las manos, manta, todo eso y me puse ahí a darle pecho a mi bebé y se quedó zzz. Fue como el lugar de calma que ella necesitaba ese día, lo recuerdo perfecto, porque habíamos estado toda la jornada en clases, y yo llevándola de allá para acá. Sentí emoción y seguridad al estar ahí”.
¿Qué cambia en la práctica para una madre estudiante tener un lugar privado, seguro y equipado?
“Cambia en cuanto a lo que es la inclusión realmente. Mucho se habla de ella, pero el incluir desde la práctica, es con hechos, es con la existencia de espacios reales donde una pueda ejercer su derecho de alimentar y de poder seguir cuidando a este ser que depende absolutamente de una mamá.
Una se vuelve estudiante con todas las responsabilidades que eso conlleva, pero nadie imagina que ser estudiante es la responsabilidad más liviana. En este momento de mi vida, estudiar es la parte aesthetic y, todo lo demás, lo que tiene que ver con mi vida de mamá, es caos (la mayor parte del tiempo). Entonces, cambia desde una perspectiva real de la inclusión”.
¿Dirías que este tipo de espacios ayudan a evitar la deserción o el atraso académico?
“La verdad es que es una lucha constante. Siento que todos los días no voy a poder más y que en cualquier momento tendré que dejar los estudios; pero, al mismo tiempo, pienso en las opciones que existen: como el apoyo con la Sala Cuna, este espacio de lactancia y la Ley “Yo Estudio, Yo Cuido”, que me ha oficializado como cuidadora. Son instancias que realmente pueden disminuir las posibilidades de deserción y que me han brindado más oportunidades de continuar, pero hay un ámbito emocional muy íntimo, que siempre está ahí, en la cuerda floja. Siento que si no existieran todos estos espacios y ese apoyo que me ha brindado la Universidad, yo ya no estaría acá, honestamente”.
¿Qué crees que le falta aún a la Universidad para acompañar mejor a las y los estudiantes cuidadores, en general?
“Apoyo emocional, psicológico. Se me ocurre la idea de hacer algo especial, como unir la carrera de Psicología con las y los estudiantes cuidadores, porque realmente es una carga invisible, sobre todo si una es mamá, porque se asume que una tiene que poder nomás, dado que básicamente es una decisión propia.
Pero la pregunta contempla estudiantes cuidadores y cuidadoras, eso implica una realidad que no todos y todas observan, es decir, de que hay estudiantes que cuidan adultos mayores u otros familiares que están en situaciones de dependencia. Entonces, sería interesante abordar más profundamente esta temática.
En mi caso, por ejemplo, en estas últimas semanas se me vinieron todas las pruebas juntas, pero la mayor parte de mis compañeros y compañeras tienen todo el tiempo para dedicarse a eso, exclusivamente. La presión de este proceso (que estamos recién empezando y espero poder rendir y ser responsable con mis compromisos), es realmente emocional y como cuidadora es muy difícil de conciliar. Entonces, he llegado al punto de vomitar sorpresivamente o de tener malestares que constantemente no siento, e incluso alergias. Así que el apoyo psicológico sería algo muy importante, porque yo no podría costear una consulta psicológica privada”.
¿Qué mensaje le darías a otras estudiantes que están criando y estudiando al mismo tiempo?
“Que vale la pena intentarlo. Hay que intentarlo, porque las futuras generaciones nos están observando. Debemos demostrar que, si bien, puede ser difícil, no hay nada de malo en intentarlo y esforzarse constantemente para cumplir nuestros objetivos. Creo que nuestras vivencias y el hecho de estar en este espacio día a día, son realmente una gran enseñanza (más que los discursos que les podamos entregar a las futuras generaciones)”.
Finalmente, si pudieras pedir una mejora más para las madres estudiantes en la universidad, ¿cuál sería?
“Aprovechando la instancia, quisiera mencionar nuevamente el tema psicológico y emocional. Observarnos es algo súper importante, porque se construye una red de apoyo en torno al rol de estudiante cuidador, cuidadora o madre, pero realmente es un proceso profundo y, a veces, avasallador en nosotras y nosotros mismos, como seres individuales. Realmente, valdría mucho la pena intentar apoyarnos en el ámbito psicológico, emocional”.
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