Estudiantes de Licenciatura en Arte UPLA transforman Palquico en un laboratorio de creación, memoria y acción comunitaria

En el corazón de la provincia de Petorca, en un territorio profundamente marcado por la crisis hídrica y por intensas transformaciones socioambientales, estudiantes de la carrera de Licenciatura en Arte de la Facultad de Arte de la Universidad de Playa Ancha participaron en la residencia “Laboratorio Transmedia Palquico 2026: Arte, Territorio y Cambio Climático”, una experiencia de investigación–creación que convirtió el arte en una herramienta de observación, diálogo y acción comunitaria.

Durante tres intensas jornadas, realizadas entre el 7 y 9 de mayo, la localidad de Palquico se transformó en un laboratorio vivo donde dibujo, performance, instalación, fotografía, gráfica expandida y mediación artística se articularon con las memorias del territorio y las experiencias de sus habitantes. Lejos de los formatos tradicionales de exhibición, el proyecto propuso una práctica artística situada, capaz de emerger desde el paisaje y dialogar con los conflictos ecológicos, históricos y sociales que afectan a la zona.

La iniciativa fue financiada por el FNDR 8% Cultura 2025 del Gobierno Regional de Valparaíso y ejecutada por la Asociación Gremial Minera de Petorca, bajo la coordinación de Eduardo Saavedra, en colaboración con la Municipalidad de Petorca, vecinos de la localidad y la Agrupación de Apoyo al Emprendimiento de la Ruta E37-D. La participación de la Universidad de Playa Ancha fortaleció el vínculo entre formación artística universitaria y trabajo territorial, integrando a estudiantes y académicos en una experiencia de aprendizaje profundamente conectada con la realidad local.

El agua como territorio en disputa

Bajo el eje curatorial “El agua como territorio en disputa: cuerpo, memoria y futuro”, la residencia invitó a las y los estudiantes a reflexionar sobre la escasez hídrica y sus efectos en la vida cotidiana mediante prácticas artísticas contemporáneas. En este contexto, el arte fue concebido como un lenguaje sensible para pensar el territorio y generar nuevas formas de relación entre conocimiento, comunidad y experiencia.

El académico de la Facultad de Arte y coordinador de la participación de la UPLA, Mario Ibarra Catalán, destacó el carácter transformador de la iniciativa: “En Palquico comprendimos que el arte no llega al territorio para imponer una forma, sino para escuchar lo que el paisaje, la memoria y las personas ya contienen. La creación surge como una práctica de encuentro, donde estudiantes y comunidad construyen juntos nuevas maneras de imaginar el futuro”.

Museo Palquico: una instalación performática sobre escasez hídrica, memoria y resistencia

Uno de los hitos de la residencia fue la instalación “Museo Palquico”, una estructura construida a partir de una carpa intervenida con dibujos y pinturas realizados junto a habitantes de la comunidad y estudiantes de la escuela local. La obra funcionó como un museo efímero y comunitario, donde el mapa de la localidad dejó de ser una representación estática para convertirse en una experiencia viva de inscripción colectiva.

Desde el interior de esta estructura emergió una figura performática encarnada por Mario Ibarra, cubierta con fibras vegetales y materiales orgánicos recolectados en el entorno. Su apariencia evocaba un cuerpo-árbol erosionado por la sequía, absorbido por el paisaje y transformado en vestigio de un ecosistema en crisis.

Durante la acción, el performer manipuló estructuras compuestas por botellas plásticas ensambladas, semejantes a raíces o artefactos precarios destinados a transportar agua, aludiendo a la fragilidad de este recurso esencial.

En contrapunto, la estudiante Renata Tapia representó simbólicamente el agua. Vestida de blanco y azul, su desplazamiento generó la imagen de un cauce que recorría lentamente el espacio. La larga extensión de su vestuario se arrastraba sobre el suelo como un río interrumpido, estableciendo una poderosa metáfora visual sobre la tensión entre contaminación y pureza, ausencia y permanencia, destrucción y esperanza.

“No quisimos ilustrar la crisis ambiental, sino volverla visible a través del cuerpo, la materia y la experiencia compartida. El arte permite que aquello que parece abstracto se vuelva emocionalmente tangible”, señaló Ibarra.

Cartografía emocional creada junto a la comunidad

La residencia incorporó un intenso trabajo comunitario desarrollado en la escuela de la localidad con niñas, niños y jóvenes, en el marco de la metodología “Escuelas Creativas Sostenibles”. A través de un taller participativo, estudiantes universitarios y escolares construyeron una gran cartografía emocional mediante dibujo, pintura, collage y relatos sobre la memoria del territorio.

Estas acciones transformaron el espacio educativo en un laboratorio abierto de mediación artística, donde el dibujo operó como herramienta de encuentro, escucha y reflexión colectiva. El mapa resultante no sólo representó el territorio, sino también las emociones, recuerdos y preocupaciones de sus habitantes.

Exposición final: una cartografía visual de la experiencia

Al término de la residencia, la comunidad de Palquico participó en una exposición abierta realizada en la escuela local, que reunió los principales resultados del laboratorio.

Desde una perspectiva de investigación–creación, la residencia dio origen a una amplia variedad de propuestas visuales y procesuales. Las obras fueron presentadas como configuraciones relacionales, en las que objetos cotidianos y elementos naturales adquirieron nuevos significados al ser reorganizados como dispositivos poéticos de memoria y reflexión crítica.

Entre las obras destacaron:

– Cartografía emocional construida con tierra, piedras, restos vegetales y relatos locales.
– Gráfica expandida, donde la carpa intervenida se convirtió en una superficie cartográfica de escritura y dibujo colectivo.
– Fanzines artísticos concebidos como archivos visuales del proceso de observación y exploración territorial.
– Instalaciones con materiales orgánicos y objetos encontrados, incluyendo fragmentos óseos, piedras, textiles erosionados y vestigios rescatados del cauce seco del río.
– Fotografías suspendidas que documentaron las acciones realizadas y retrataron a los habitantes del lugar.

Las imágenes conformaron un archivo visual del proceso creativo, mientras que las mesas expositivas reunieron dibujos, pequeñas esculturas, ensamblajes y materiales recolectados en el territorio. La disposición de las obras reforzó la idea de que el arte no es un objeto aislado, sino el resultado de un proceso colectivo que integra observación, experimentación y diálogo con el entorno.

La muestra concluyó en un ambiente de profundo reconocimiento comunitario. Los aplausos y la participación activa de vecinos, autoridades, estudiantes y docentes evidenciaron el impacto de una experiencia que transformó el arte en una forma concreta de encuentro y pensamiento compartido.

Arte como práctica relacional y compromiso territorial

Para la Universidad de Playa Ancha, esta residencia reafirma el valor de la formación artística como un proceso inseparable de la realidad social y ambiental. La experiencia permitió que las y los estudiantes expandieran su práctica hacia contextos comunitarios, comprendiendo el arte como una herramienta para investigar, mediar y activar transformaciones simbólicas y territoriales.

“Cuando el arte deja de ser sólo expresión y se vuelve acción, aparecen nuevas formas de conocimiento, colaboración y cuidado del territorio. Esa es, precisamente, la experiencia que vivimos en Palquico”, concluyó Mario Ibarra.

Participantes
Javiera Avendaño, Rafi Ahumada, Robinson Arancibia, Adam Martínez, Andrea Ugalde, Thania Escobar, Florencia Espinoza, Montserrat Pino, Pía Villarroel, Belén Young, Milenka Marchant, Gabriela Pinto, Bárbara Navea y Renata Tapia.

La residencia contó además con la valiosa colaboración de Lorena Arrizaga, responsable del registro audiovisual de la experiencia.

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