Sociólogo UPLA advierte que la pandemia favoreció la instalación de la dictadura tecnológica y de control burocrático

Profundas y complejas consecuencias sobre las libertades públicas y sobre la democracia, son algunos de los principales alcances que ha generado la pandemia del Coronavirus que, en nuestro país ya suma más de 400 mil contagiados y 11 mil personas fallecidas.

Así lo plantea el académico e investigador de la Universidad de Playa Ancha (UPLA), Dr. Francisco Báez Urbina, quien asegura que las consecuencias han sobrepasado el ámbito sanitario, generando transformaciones en la vida de las personas, en la forma de relacionarse, en la confianza horizontal -entre las personas- y vertical -hacia el Estado, el sistema político y sus instituciones.

A juicio del académico, una de las grandes paradojas que ha revelado esta pandemia tiene que ver con la destrucción de muchos de los vínculos que dan forma a la organización de la sociedad, del tejido social, y de la confianza y del vínculo con el otro. Sin embargo, subraya que también se ha venido desnudando una cierta oposición valorativa en la opinión pública, y que dice relación con la oposición entre salud pública y libertad individual.

“La gente realmente se ha dado cuenta que la libertad individual es un bien valorable, pero también… se da cuenta que la salud pública también lo es. Es una contracción y eso nos ha tenido bastante complicados estos últimos meses. Por otro lado, la población se da cuenta que la libertad no es un regalo de la naturaleza, sino que la concede el Estado y la comunidad política… (además), también se asoma la dictadura tecnológica y electrónica, que es un riesgo y el temor de la población… la instalación de la dictadura tecnológica y de control burocrático totalitario, esto que el Estado, a propósito de la coyuntura, empieza a controlar la vida de las personas a través de medios tecnológicos”, dice el investigador, refiriéndose por ejemplo, al control de la temperatura para ingresar a un supermercado, a la presencia de las cámaras de tele vigilancia en las calles, a que nuestros antecedentes estén registrados en bases de datos cada vez más voluminosas, etc.. A su juicio, todo esto genera desconfianza de ciudadanía hacia las instituciones, y remarca el miedo que se viene trabajando desde hace décadas en las ciencias sociales, y que dice relación con la cuestión del gobierno telemático de las poblaciones, o la cuestión antidemocrática del Estado de excepción permanente.

En este contexto, advierte que hay una delgada línea entre el control sanitario preventivo y la posibilidad de ejercer un control que limite las libertades públicas o individuales. Por ello, dice que es preciso estar atento al fenómeno social que se está generando.

EL ORIGEN
Dr. Francisco Báez Urbina, sociólogo.

Pero ¿cuál es el origen del problema sanitario que actualmente vivimos a nivel mundial? Para el académico, la intensificación de la economía industrial ampliada y la intromisión del esquema industrial en ambientes naturales ha generado la destrucción de los equilibrios ecosistémicos. Este fenómeno, que se ha mantenido en el tiempo a velocidades inapropiadas, ha provoca la transmisión de enfermedades del mundo animal a los humanos, la llamada zoonosis, tal como ocurrió con el Coronavirus.

“Ese es un problema que se viene desarrollando durante todo el siglo XX y, mientras más intensivo es el esquema de explotación económica sobre la naturaleza, más problemas de este tipo vamos a tener. Este fenómeno de la pandemia actual, no es el único. Hay una serie de enfermedades pandémicas que se han venido desarrollando durante el siglo XX…Este es un fenómeno global, realmente complejo y que afecta a toda la población”, dice el Dr. Báez Urbina, quien recuerda que esta situación ya fue advertida hace años por el historiador y sociólogo estadounidense, Mike Davis, quien anticipó el 2006, los problemas que provocaría la falta de regulación de la actividad industrial y la consecuencia en la salud de las personas. Así, en el propio lenguaje de Davis, “el monstruo ya estaría aquí”.

Ante esta situación, el investigador subraya que, lejos de volver en el tiempo hacia esquemas comunitarios, la opción preferente es invertir en mayor ciencia y tecnología para buscar energías alternativas que permitan mitigar la destrucción que el ser humano ha venido provocando de manera cada vez más intensiva sobre el ecosistema natural. La opción comunitaria serviría de mitigante, pero no alcanzaría a servir como paliativo definitivo debido al tamaño de la economía mundial. De lo contrario –asegura- hoy padecemos el SARS-Cov-2, pero mañana podrá ser uno distinto y, tal vez, más destructivo y mortal.

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