En un mundo configurado por y para el sonido, existe una arquitectura del silencio donde la empatía no necesita de la voz, sino de gestos precisos, miradas atentas y el lenguaje que brota desde el cuerpo.
El recorrido académico de Camila Ojeda Micieli, de 25 años, por la carrera de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Playa Ancha, no se transforma solo en el cumplimiento de un anhelo personal o en la finalización de un plan de estudios, sino en la apertura de una brecha en la historia de la educación superior regional y en un puente ético hacia los derechos de la comunidad sorda.
Al convertirse en la primera titulada sorda de la UPLA y en la primera psicóloga sorda de la Región de Valparaíso, Camila viene a desarmar el modelo oyentecéntrico que históricamente ha relegado la salud mental a las barreras del habla y del oído.
Detrás de este hito académico, existe una historia de amor familiar, sacrificio y movilidad internacional. Tras nacer en Asunción, Paraguay, sus padres, Ana Beatriz Micieli (argentina) y José Manuel Ojeda Acevedo (chileno), descubrieron su sordera en la infancia, cuando el ruido de un portazo provocado por el viento no la asustó.
Ante la ausencia de alternativas educacionales especializadas en el país donde residían, la familia decidió dejarlo todo y mudarse a Argentina, donde ingresó a los dos años al Instituto Federico Dominick, espacio en el que la formaron en lectura labial. A los tres años, enfrentó un intento fallido de implante coclear debido a la estrecha proximidad entre el nervio auditivo y el facial. Y, años más tarde, buscando mayor seguridad, la familia se radicó en Chile lo que le permitió a Camila obtener la nacionalidad chilena.
Su trayectoria académica destaca por su autonomía, carácter autodidacta y resiliencia. Tras haber aprendido la Lengua de Señas Argentina (LSA) en su etapa escolar, al llegar a nuestro país, debió aprender y adaptarse a la Lengua de Señas Chilena (LSCh). Durante su formación en la UPLA, que en primera instancia fue vía modalidad virtual a raíz de la pandemia, se apoyó en herramientas tecnológicas como aplicaciones de transcripción de voz a texto, en la Unidad de Acompañamiento Estudiantil (UAE) y en el trabajo conjunto con su intérprete de Lengua de Señas, Lenka Riquelme Piña, con quien construyó un estrecho lazo de amistad.
En este proceso, el respaldo constante de sus padres y la contención emocional de sus queridos gatos, resultaron fundamentales para sostener su avance universitario. Y aunque posee un notable talento para el dibujo, Camila decidió estudiar Psicología movida por su vocación de servicio.
Inspirada por la figura de un psicólogo sordo que conoció en su colegio y por su propio rol espontáneo de mediadora, comprendió las graves barreras de comunicación que sufren los niños, niñas y familias sordas al buscar atención en salud mental.
Con un interés enfocado en la primera infancia y la neurodiversidad, su titulación no solo culmina un trayecto de esfuerzo personal, sino que marca un precedente de accesibilidad institucional y deja una huella imborrable para las futuras generaciones de estudiantes y profesionales de la salud mental en la región.
Camila, ¿por qué decidiste estudiar Psicología y qué experiencias personales o intereses influyeron en dicha elección?
“Durante el último año de enseñanza secundaria comencé a preguntarme qué quería estudiar. Me interesaban distintas áreas, sobre todo las relacionadas con la salud. Hasta ese momento, nunca había asistido a un psicólogo o psicóloga, porque no consideraba que lo necesitara. Sin embargo, en mi colegio, había un psicólogo sordo que nos explicaba distintos temas a las y los estudiantes sordos, y me llamó la atención su forma de comunicarse. Además, durante gran parte de mi vida había asumido espontáneamente un rol de mediadora con mis amigos y amigas, especialmente, cuando necesitaban apoyo o cuando existían dificultades para comunicarse. Por eso, cuando conocí la psicología, sentí una conexión inmediata con la carrera y con lo que quería hacer en el futuro.
También, influyó una reflexión personal vinculada a que me habría gustado contar con un psicólogo o psicóloga durante mi infancia y adolescencia, en especial, en momentos en que enfrenté diversas dificultades emocionales asociadas a la falta de accesibilidad a la comunicación. Considero que no solo la persona sorda necesita apoyo, sino también su familia, dado que requiere orientación específica para comprender sus necesidades y para fortalecer los vínculos entre ellos y ellas.
Los niños, niñas y adolescentes sordos pueden presentar dificultades para comprender determinadas situaciones o para desarrollar estrategias de autorregulación, cuando no cuentan con personas que puedan enseñarles y acompañarlos de manera accesible.
Asimismo, he conocido situaciones en las que familias de personas sordas han buscado atención psicológica, ya sea para ayudar directamente a su familiar o para mejorar la relación y comunicación dentro de la familia. Sin embargo, muchas veces no han podido acceder a atención adecuada, principalmente, porque algunos profesionales de la salud no cuentan con experiencia en el trabajo con personas sordas, ni con formación específica sobre sus características, necesidades y cultura sorda.
Las personas sordas pueden requerir estrategias de comunicación y de intervención diferentes, por lo que es importante que las y los profesionales sepan adaptar sus herramientas.
En la actualidad, todavía observo una fuerte presencia de un modelo centrado en las personas oyentes. Esto me permitió comprender que el acceso a la salud mental para las personas sordas continúa siendo limitado, principalmente, debido a las barreras comunicacionales, a la falta de profesionales que dominen la Lengua de Señas, que es la lengua propia de muchas personas sordas, y a la escasa capacitación especializada de las y los profesionales de la salud.
Cuando he buscado información sobre inclusión, muchas veces encuentro contenidos relacionados con personas neurodivergentes, discapacidad sensorial, discapacidad motriz, autismo, discapacidad intelectual, entre otras condiciones. Sin embargo, la realidad de las personas sordas y, específicamente, su acceso a la salud mental, suele estar mucho menos visibilizada.
Por esta razón, considero muy importante que existan personas sordas que puedan formarse como profesionales de la salud. La experiencia de una persona sorda que además sea profesional, permite aportar conocimientos tanto a otras y otros profesionales, como a la sociedad en general. Es especialmente enriquecedor que un profesional sordo conozca la cultura sorda, haya vivido experiencias similares y, al mismo tiempo, posea conocimientos teóricos, prácticos y técnicos propios de su profesión.
Para mí, estudiar Psicología también representó una oportunidad para contribuir a disminuir esta brecha y generar una mayor comprensión sobre las necesidades de salud mental de las personas sordas”.
¿Cuáles fueron los principales desafíos que enfrentaste durante tu trayectoria universitaria y qué apoyos fueron fundamentales para poder avanzar en la carrera?
“Ingresé por primera vez a la universidad en 2021, en un contexto en el que las clases se desarrollaban completamente de manera virtual debido a la pandemia. Los dos primeros años fueron especialmente difíciles.
Antes de comenzar la universidad, recibí apoyo externo que me orientó respecto de los pasos que debía seguir. También conté con el acompañamiento de la Unidad de Acompañamiento Estudiantil (UAE), donde una profesional me explicó diferentes aspectos que debía considerar para adaptarme a la vida universitaria. Me sugirió algunas herramientas que podían facilitar mi participación académica, entre ellas una aplicación para el teléfono celular capaz de captar sonidos y convertirlos en texto, además de funciones de transcripción instantánea y notificaciones de sonidos. También me indicó que debía comunicar oportunamente a las y los profesores de cada asignatura que yo era una estudiante sorda, para que pudieran considerar mis necesidades de accesibilidad.
Esto fue especialmente importante durante las clases virtuales, porque en algunas asignaturas había aproximadamente cien estudiantes, de los cuales yo era la única persona sorda. Debido al formato de las clases, las y los profesores muchas veces no podían verme directamente y yo tenía que enviarles correos con frecuencia para recordarles mis necesidades.
Otro apoyo fundamental fue contar con intérprete de Lengua de Señas. En mi caso, necesitaba utilizar simultáneamente un intérprete y la herramienta de transcripción de voz a texto. Esto se debe a que, cuando el intérprete está comunicando lo que dice el profesor o profesora, yo debo mantener mi atención visual en él o ella. A diferencia de una persona oyente, no puedo escuchar al profesor o profesora mientras escribo al mismo tiempo.
Por ejemplo, si el intérprete está hablando y yo estoy observándolo, puedo perder información mientras intento tomar apuntes. Además, muchas veces se utilizan conceptos y términos técnicos que requieren una atención especial. Por eso, la aplicación de transcripción era muy útil: podía captar gran parte de la información y guardarla automáticamente. Una vez terminada la clase, podía revisar el texto y utilizarlo para estudiar y complementar mis apuntes.
Durante el segundo año de universidad, asistí por primera vez a clases presenciales y surgieron nuevos desafíos. La mayoría de las personas utilizaban mascarilla, lo que dificultaba aún más la comunicación. Mi teléfono celular tampoco captaba los sonidos con la misma eficacia y, además, yo estaba acostumbrada a utilizar la lectura labial como una estrategia complementaria de comunicación, por lo que la mascarilla representaba una barrera adicional.
Otro desafío fue mi propio ritmo académico. En algunas situaciones, necesitaba más tiempo para comprender y procesar la información en comparación con mis compañeros oyentes. También enfrenté dificultades en las evaluaciones escritas, sobre todo cuando disponía de un tiempo limitado. En esos momentos, podía experimentar dificultades para organizar mis ideas por escrito. A veces, las ideas no fluían de la manera que yo quería, la estructura gramatical podía resultar poco clara y la respuesta no lograba reflejar exactamente lo que quería expresar.
No es lo mismo escribir en un documento de Word, donde puedo redactar, borrar, releer y modificar el texto varias veces, que hacerlo bajo presión y con un tiempo determinado. En esas situaciones sentía que tenía un mapa mental de los contenidos, pero, debido a la presión, los conceptos parecían desorganizarse y me costaba expresarlos de manera adecuada.
Los apoyos que mencioné anteriormente, el intérprete en Lengua de Señas, la herramienta de transcripción de voz a texto y el acompañamiento de algunas personas, fueron fundamentales para avanzar. También, fue importante la flexibilidad de algunos profesores, quienes comprendieron mis dificultades y buscaron alternativas para facilitar mi participación académica”.
En relación con los desafíos comentados, ¿puedes profundizar en torno a las experiencias de comunicación y participación en las clases, evaluaciones, prácticas profesionales y otras actividades académicas?
“Durante los primeros años de universidad, me comunicaba principalmente a través de mi intérprete de Lengua de Señas. En los trabajos grupales utilizábamos Google Meet, que contaba con la opción de subtítulos. Si bien la comunicación no siempre era completamente fluida, existía interés por parte de mis compañeros y compañeras en buscar estrategias para que pudiera participar, expresar mis ideas y entregar mis opiniones.
En cuanto a las evaluaciones, la mayoría fueron escritas y, en general, no tuve mayores dificultades con ese formato. Sin embargo, en algunas ocasiones, tuve que recurrir a evaluaciones orales debido a que mis respuestas escritas no siempre eran comprendidas de la manera en que yo pretendía expresar mis ideas.
Cuando realizaba una evaluación mediante Lengua de Señas, mi intérprete transmitía verbalmente lo que yo quería expresar y de esa manera podía ser evaluada respecto de mis conocimientos. Por eso, al entregar una evaluación escrita, en algunas ocasiones solicitaba al profesor que, si no comprendía alguna respuesta, me diera la posibilidad de realizar una evaluación oral. Para mí era importante que se evaluaran mis conocimientos y no únicamente aspectos gramaticales, porque mi forma de organizar las ideas por escrito no siempre refleja exactamente lo que quiero comunicar.
Esta situación me llevó a trabajar bastante en el perfeccionamiento de mi escritura. Creo que la lectura constante de artículos científicos y textos académicos también me ayudó a mejorar progresivamente mi expresión escrita. Sin embargo, todavía existen algunas dificultades y considero que probablemente será un aspecto que seguiré trabajando durante mi desarrollo profesional.
Por esta razón, he optado por desarrollar estrategias que me permitan expresar mis ideas de manera formal y clara, especialmente, considerando que en la carrera de Psicología es necesario elaborar informes, psicodiagnósticos y otros documentos profesionales.
Respecto de las actividades académicas extracurriculares, no participé demasiado debido a la falta de tiempo. Además, cuando existían actividades, muchas veces no contaban previamente con un intérprete de Lengua de Señas, por lo que no podía conocer con anticipación la dinámica o la temática de la actividad. En esos casos, prefería priorizar el avance de mis apuntes y contenidos académicos, ya que en ocasiones también podía atrasarme en ellos.
Desde aproximadamente el tercer año de la carrera hasta el final de mi formación, me fui adaptando progresivamente a la dinámica universitaria. Me sentía más tranquila y segura, probablemente porque ya contaba con mayores conocimientos sobre psicología y también tenía más confianza en mis propias capacidades. Y cuando me informaban con anticipación que habría una charla o actividad y que contaría con intérprete, podía participar sin mayores dificultades.
En cuanto a las prácticas profesionales, las primeras fueron grupales. Como tengo un buen dominio del español, utilizaba la herramienta de transcripción de voz a texto para mantenerme al tanto de las conversaciones con mis compañeros y compañeras. Cuando necesitaba realizar una pregunta, en algunas ocasiones utilizaba un pequeño cuaderno para escribirla y mostrársela a mi compañero, sin necesidad de interrumpir la transcripción.
Cuando debía exponer un taller o hablar frente a un grupo, solicitaba un o una intérprete con anticipación. La mayoría de mis prácticas se realizaron en establecimientos educacionales y solo una se desarrolló en un museo, específicamente, en el contexto de un taller comunitario. Estas gestiones se realizaban con varias semanas de anticipación, por lo que era posible contar con el intérprete sin mayores dificultades.
Mi práctica anual y final fue individual. Me sentí tranquila, principalmente, porque ya había adquirido experiencia en los trabajos grupales y sabía cómo desenvolverme en este tipo de situaciones. Cuando debía realizar una exposición, nuevamente solicitaba el intérprete con anticipación. En el caso de los talleres dirigidos directamente a estudiantes sordos y sordas, podía realizarlos de manera autónoma, sin necesidad de un o una intérprete”.
¿Qué significa para ti recibir el título profesional de psicóloga y cerrar esta etapa de formación en la Universidad de Playa Ancha?
“Tengo sentimientos encontrados. Recuerdo cuando estaba frente a la pantalla del computador realizando el proceso de inscripción en la Universidad de Playa Ancha y debía elegir una carrera para confirmar mi matrícula. En ese momento sentía mucho miedo y no estaba segura de querer hacerlo. La palabra psicología me parecía algo muy grande, como un desafío de otro nivel para mí.
Ahora que ya estoy titulada como psicóloga, todavía me cuesta asimilarlo. A veces me pregunto de dónde saqué las fuerzas para estudiar y llegar hasta aquí. Agradezco profundamente la oportunidad de haber podido cumplir mi sueño y cerrar esta etapa de formación profesional”.
¿Cómo impacta en ti el hecho de convertirte en la primera persona sorda en titularse de la UPLA y la primera psicóloga sorda titulada de la Región de Valparaíso?
“Ha sido un camino muy difícil. Cuando comencé este proceso me sentía sola. No me refiero a la ausencia de apoyo, sino a que no tenía a quién recurrir para que pudiera orientarme desde una experiencia similar. No conocía a una psicóloga sorda que hubiese egresado recientemente, ni contaba con investigaciones suficientes sobre personas sordas a las cuales pudiera recurrir como respaldo.
Sentía que estaba avanzando a ciegas, pero tenía un único objetivo en mente: seguir adelante porque pensaba que, si nadie comenzaba a abrir ese camino, las personas sordas continuarían enfrentando las mismas dificultades para acceder a apoyo psicológico y a profesionales que comprendieran sus necesidades.
Pensaba especialmente en los niños, niñas y adolescentes sordos que podrían atravesar situaciones similares sin contar con el apoyo adecuado. Esa preocupación fue una de las principales motivaciones para continuar.
Para mí, también es importante que la Universidad de Playa Ancha haya tenido una estudiante sorda, porque mi experiencia puede contribuir a que la institución cuente con herramientas y procedimientos preparados para futuros estudiantes sordos y futuras estudiantes sordas. Idealmente, quien llegue después de mí no debería tener que comenzar desde cero explicando qué apoyos necesita.
Ser la primera estudiante sorda tiene un aspecto positivo, pero también fue agotador, porque la Universidad no contaba necesariamente con todas las herramientas necesarias y yo tenía que explicar constantemente cuáles eran mis necesidades y qué apoyos requería. De alguna manera, traté de dejar parte de mis conocimientos y experiencias para que la institución pudiera prepararse mejor.
Convertirme en la primera psicóloga sorda titulada de la Región de Valparaíso, también me sorprendió, especialmente, al tomar conciencia de la escasez de profesionales y de apoyos especializados para las personas sordas.
Espero que mi experiencia pueda servir como una huella que permita generar reflexión tanto en la UPLA como en otras universidades, y en los profesionales de la salud, respecto de la necesidad de garantizar una atención adecuada para las personas sordas.
También me hace pensar en cuántas personas sordas existen en la Región de Valparaíso y cuántas de ellas pueden acceder actualmente a una atención psicológica verdaderamente accesible.
Al mismo tiempo, considero que esta posición representa una oportunidad importante. Como persona sorda, comprendo aspectos de la experiencia y de la cultura sorda; y como profesional de la salud, cuento con conocimientos teóricos, prácticos, técnicos y herramientas propias de la psicología. Esa combinación me permite aportar tanto a las personas sordas como a las y los profesionales de la salud, a través de procesos de capacitación y sensibilización”.
Desde tu experiencia, ¿qué deberían implementar las universidades para garantizar que más personas sordas puedan ingresar, permanecer y titularse de alguna carrera?
“Considero fundamental que las universidades desarrollen procesos de capacitación y sensibilización sobre la cultura sorda. Para nosotros y nosotras es muy importante percibir que existen profesionales sensibles, empáticos y flexibles frente a sus necesidades. Esto puede influir positivamente en su motivación para ingresar y permanecer en la universidad.
Cuando una persona sorda ingresa por primera vez a la universidad, sobre todo si es la única estudiante sorda o el único estudiante sordo, puede experimentar nerviosismo, ansiedad o preocupación por la falta de apoyos. También, puede aparecer la idea de abandonar la carrera al encontrarse con múltiples obstáculos. Por eso, considero importante disminuir las barreras desde el comienzo y facilitar un proceso de adaptación que permita que la experiencia universitaria sea más accesible y tolerable.
La universidad ya representa un desafío para cualquier estudiante, no únicamente para las personas sordas. Sin embargo, la falta de apoyo, materiales accesibles o flexibilidad por parte de algunos docentes puede aumentar significativamente las dificultades. También considero importante que las universidades realicen un acompañamiento inicial, pero que posteriormente permitan al estudiante desarrollar progresivamente su autonomía. Es importante orientarlo respecto a lo que necesita hacer, preguntarle qué apoyos requiere y recordarle que puede solicitar ayuda cuando la necesite.
En los últimos años de la carrera, antes de comenzar las prácticas profesionales, sería recomendable volver a consultar directamente al o a la estudiante sobre sus necesidades. Cada carrera tiene características y prácticas diferentes, por lo que es importante planificar estos procesos con anticipación.
En mi caso, la coordinación previa fue fundamental. El coordinador de práctica me indicó que, si tenía contactos que pudieran ser útiles, debía comenzar a gestionarlos con tiempo. Esto es especialmente importante para una persona sorda, porque los espacios de práctica accesibles y que cuenten con las condiciones necesarias, no siempre se hallan fácilmente.
También, considero fundamental contar con un intérprete de Lengua de Señas de manera estable. He conocido casos de estudiantes que han tenido dificultades o incluso han abandonado sus estudios debido a la ausencia de intérprete. La falta de estabilidad en este apoyo puede afectar directamente el proceso académico.
Contar con un intérprete estable genera tranquilidad y seguridad. Si un día el intérprete no puede asistir, existen alternativas que pueden utilizarse, pero lo importante es que esa situación sea excepcional y no una preocupación constante para el estudiante.
Finalmente, considero fundamental que el apoyo se construya a partir de las necesidades específicas de cada estudiante sordo o sorda. No todas las personas sordas tienen las mismas necesidades ni utilizan las mismas estrategias de comunicación. Cada estudiante tiene su propio ritmo y sus propias formas de aprender y desenvolverse, por lo que es necesario preguntarle directamente qué necesita”.
¿Qué aportes específicos deseas realizar al ejercer como profesional, en especial, en la atención de personas sordas y a la construcción de una salud mental más inclusiva?
“Uno de mis principales objetivos es sensibilizar y capacitar a las y los profesionales de la salud respecto de las personas sordas. Durante mi trayectoria formativa, no encontré suficientes cursos o talleres que profundizaran específicamente en la relación entre personas sordas y salud mental.
Considero que esto también se relaciona con la escasa presencia de personas sordas que sean profesionales de la salud y que puedan aportar desde su experiencia y conocimiento especializado.
Además, es importante comprender que aprender Lengua de Señas, a un nivel básico, no necesariamente es suficiente para desarrollar una comunicación terapéutica adecuada. Para una atención psicológica, se debe alcanzar un nivel de comunicación que permita mantener conversaciones fluidas y comprender adecuadamente aquello que la persona quiere expresar.
Actualmente, considero que una de las principales necesidades es mejorar el acceso de las personas sordas a la salud mental, porque todavía existen profesionales que no dominan la Lengua de Señas ni cuentan con formación específica sobre cultura sorda.
Las personas sordas suelen utilizar predominantemente canales visuales y táctiles para acceder a la información, por lo que también es importante considerar recursos visuales, pictogramas, materiales adaptados y, cuando corresponda, herramientas sensoriales. En algunas situaciones, deben acudir a una consulta psicológica acompañadas por un intérprete. Aunque esto puede facilitar la comunicación, considero que también puede afectar la privacidad y la calidad de la alianza terapéutica, que es un componente fundamental del proceso psicoterapéutico. La persona puede sentirse limitada al tener que comunicar aspectos íntimos de su vida frente a un tercero.
Por eso, uno de mis principales objetivos es desarrollar charlas y procesos de capacitación y sensibilización para profesionales de la salud, comenzando por aspectos generales sobre las personas sordas y avanzando, posteriormente, hacia contenidos más específicos relacionados con estrategias, herramientas y formas adecuadas de intervención.
Cuando una persona sorda busca atención psicológica, puede encontrarse en una situación de vulnerabilidad emocional. Si, además, se enfrenta a barreras de comunicación y accesibilidad, estas dificultades pueden aumentar su malestar.
Por eso, considero fundamental que los profesionales se informen, comprendan la cultura sorda y desarrollen competencias comunicacionales en Lengua de Señas.
También, es importante diferenciar claramente el rol del intérprete del rol del psicólogo. El intérprete facilita la comunicación entre ambas partes, pero no le corresponde evaluar el estado psicológico de la persona sorda, ni realizar interpretaciones clínicas. Esa responsabilidad corresponde al profesional de la salud, quien debe contar con la formación teórica y clínica necesaria para realizar una evaluación adecuada.
Mi objetivo es contribuir a que la atención psicológica de las personas sordas no dependa exclusivamente de la presencia de un intérprete, sino que existan profesionales preparados para comunicarse directamente con sus pacientes y comprender sus particularidades culturales y comunicacionales. La atención en salud suele requerir una constante coordinación con distintas especialidades”.
¿Qué estrategias o dinámicas de trabajo proyectas implementar para coordinarte de forma fluida con colegas oyentes de otras áreas y personal administrativo (por ejemplo)?
“Durante mis prácticas en el área educacional, tuve la oportunidad de trabajar con equipos multidisciplinarios. Una de las primeras acciones que realizaría sería sensibilizar a los profesionales que no tengan conocimientos previos sobre las personas sordas y su forma de comunicación.
Inicialmente, puede ser necesario recurrir a un intérprete. Sin embargo, con el tiempo es posible desarrollar otras dinámicas de comunicación. Una vez que los profesionales conocen mis formas de comunicación y saben cómo interactuar conmigo, disminuye progresivamente la necesidad de depender exclusivamente del intérprete.
Incluso, considero que tener a una persona sorda como referente dentro de un equipo, permite que las y los profesionales se familiaricen con la experiencia y pierdan parte del temor o inseguridad que puede generar aquello que desconocen. Muchas personas nunca han tenido contacto cercano con una persona sorda y, por lo tanto, no saben cómo comunicarse o cómo abordar determinadas situaciones.
En mi caso, dependiendo de la situación, puedo utilizar herramientas como la transcripción de voz a texto o un bloc de notas. Si debo realizar talleres, charlas o actividades dirigidas a un público amplio, puede ser necesario contar con un intérprete. Para mí, lo más importante es lograr una comunicación efectiva y estar en la misma sintonía, especialmente, en relación con los conocimientos técnicos y teóricos.
Los profesionales de la salud utilizan terminología específica y determinadas formas de comunicación que muchas veces son comprendidas principalmente entre colegas. Por eso, no es suficiente con incluir a una persona sorda que no tenga conocimientos teóricos del área, porque pueden existir dificultades para comprender determinados conceptos profesionales.
Como psicóloga sorda, considero que puedo aportar desde ambos lados: desde el conocimiento profesional y desde la experiencia como persona sorda. Esto permite no solamente identificar barreras de accesibilidad, sino también participar activamente en las discusiones teóricas y profesionales con otros colegas”.
¿En qué áreas te gustaría especializarte? Lo consulto pensando en algún programa de postítulo/postgrado.
“Personalmente, siempre me han interesado distintas áreas de la psicología. Sin embargo, considerando la situación actual de las personas sordas y las necesidades que observo en relación con su acceso a la salud y a otros servicios, consideraría las siguientes áreas: educacional, clínica y jurídica-forense.
En el área educacional, actualmente existe un aumento de estudiantes sordos que asisten a establecimientos educacionales regulares. Sin embargo, todavía observo una falta de apoyo psicológico específicamente adaptado a sus necesidades. Hay psicólogos que trabajan en convivencia escolar y otras áreas, pero muchas veces los contenidos y estrategias se desarrollan pensando principalmente en estudiantes oyentes, por lo que no siempre resultan accesibles para los estudiantes sordos.
En el área clínica también existen múltiples aspectos que sería necesario desarrollar. Por ejemplo, considero importante estudiar cómo adaptar las pruebas psicométricas para personas sordas. Si una prueba no ha sido adecuadamente adaptada, existe el riesgo de que los resultados no reflejen de manera precisa las características de la persona y puedan producir interpretaciones o conclusiones inadecuadas.
Lo mismo ocurre con algunas técnicas y herramientas de intervención psicológica, que muchas veces están diseñadas desde una perspectiva centrada en la experiencia auditiva. Es necesario preguntarse cómo adaptar esas estrategias para una persona sorda y qué recursos visuales o sensoriales podrían ser más apropiados.
En cuanto al área jurídica-forense, aunque la consideraría como una tercera prioridad, también me parece muy relevante. En este ámbito, el profesional de la salud puede participar en evaluaciones relacionadas con la comprensión, la capacidad para tomar decisiones y otros aspectos psicológicos relevantes para determinados procesos judiciales. En estos casos, es importante que el o la profesional tenga conocimientos sobre cultura sorda y pueda diferenciar adecuadamente aquello que corresponde a la experiencia de ser una persona sorda, de aquello que podría constituir una dificultad psicológica o cognitiva.
Si el o la profesional no tiene conocimientos sobre cultura sorda, surge una pregunta importante: ¿cómo puede realizar una evaluación adecuada de una persona sorda? No debería recaer en el intérprete la responsabilidad de interpretar clínicamente la situación, porque su función es facilitar la comunicación y no realizar evaluaciones psicológicas.
Existen muchas otras áreas que considero importantes, pero actualmente estas tres (educacional, clínica y jurídica-forense) son las que identifico como relevantes, debido a las necesidades que observo en las personas sordas”.
¿Qué mensaje les entregarías a las niñas, niños y jóvenes sordas y sordos que hoy sueñan con estudiar una carrera universitaria?
“Les diría que no es un camino fácil y que probablemente van a encontrarse con distintas barreras a lo largo de su trayectoria universitaria, sin embargo, quiero que recuerden que no tienen que enfrentar ese camino solos o solas.
Desde mi propia experiencia, considero fundamental contar con redes de apoyo y de contacto. Hay personas e instituciones que pueden facilitar el acceso a información, orientar en determinados procesos y ayudar a encontrar soluciones frente a situaciones que pueden resultar desconocidas, especialmente durante los primeros años de universidad.
También les diría que luchen por sus derechos y que aprendan a expresar sus necesidades. En ocasiones, la universidad puede no saber cómo responder de la mejor manera a las necesidades de una persona sorda, no necesariamente porque no exista disposición, sino porque puede no contar con los conocimientos o las herramientas necesarias. En esos momentos, probablemente les corresponderá explicar qué necesitan y solicitar los apoyos adecuados.
Pero hay algo positivo en ese proceso. Cada persona sorda que ingresa, permanece y logra titularse, también contribuye a generar mayor conocimiento y conciencia dentro de las instituciones. Muchas veces las personas no conocen esta realidad, simplemente porque nunca han tenido la oportunidad de compartir con una persona sorda que haya estudiado en la universidad. Por eso, también es importante demostrar que podemos desarrollarnos profesionalmente y superar las barreras que encontremos, aunque necesitemos apoyos y adaptaciones para hacerlo.
Si en algún momento sienten que no pueden resolver una situación por sí mismos, pidan ayuda. No hay nada de malo en hacerlo. Desde mi experiencia, cuando solicité ayuda porque no sabía dónde realizar mi práctica, qué pasos debía seguir o dónde encontrar determinada información, hallé personas que estuvieron dispuestas a orientarme. Por lo tanto, a veces, para recibir apoyo, el primer paso es atreverse a decir: necesito ayuda.
Si están comenzando el primer año, piensen que también es un período de adaptación. No tienen que tener todo resuelto desde el comienzo. Dense el tiempo para conocer su propio ritmo académico, buscar redes de contacto, relacionarse con otras personas y aprender a desenvolverse en este nuevo espacio. Y, sobre todo, recuerden que las calificaciones no los definen como personas ni determinan sus capacidades profesionales. A mí me pasó que durante el primer año tuve algunas calificaciones bajas, pero con el paso del tiempo fui mejorando y encontré estrategias que me permitieron avanzar.
Así que no se desanimen si al principio las cosas no salen como esperaban. Busquen apoyo, conozcan sus derechos, construyan sus redes y confíen sus capacidades. Ustedes pueden”.
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