Motivada por conocer otros países y adquirir nuevas experiencias, perspectivas y conocimientos profesionales, Catalina Ponce Núñez, estudiante de quinto año de Terapia Ocupacional de la Universidad de Playa Ancha, realizó un intercambio académico en agosto de 2025 en la Facultad de Medicina de la Universidad de la República de Uruguay, a través del Programa de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM).
Con la convicción de vivenciar un desafío que le permitiera reencontrar el amor que sentía inicialmente por su carrera, y que se había diluido un poco por las exigencias formativas, postuló al llamado de la Dirección General de Relaciones Internacionales de la UPLA.
Académicamente, enfrentó el intercambio con seguridad gracias a la formación recibida en la universidad y al apoyo de sus profesores durante el proceso, acompañándola con material y tutorías online. Además, sentía la responsabilidad y el orgullo de representar y mostrar las herramientas adquiridas en su alma mater.
Sobre su inmersión en un entorno cultural totalmente nuevo, y de cómo cambió su forma de ver la vida, Catalina Ponce Núñez compartió en entrevista esta vivencia, que sin duda potenciará su futuro profesional y personal, entendiendo que el crecimiento ocurre fuera de los espacios cómodos.
-¿Qué fue lo que te motivó a postular a este intercambio?
“Postulé, porque siempre me ha interesado la idea de conocer otros países y considero que hacerlo mientras desarrollo mi carrera, hace la experiencia aún más enriquecedora, debido al intercambio cultural y profesional que se puede generar. Además, mi carrera es relativamente nueva y existen países donde ha sido más desarrollada y potenciada, por lo que esta oportunidad me permitió adquirir nuevas perspectivas, conocimientos y crear redes. Asimismo, creo que vivir este tipo de experiencias aporta significativamente tanto al crecimiento profesional como al personal, ya que posibilita ampliar la visión, adquirir nuevos aprendizajes y enfrentar distintos desafíos”.
-¿De qué manera podrías describir tu experiencia académica?
“Fue una experiencia muy intensa, porque implicó adaptarse completamente a vivir sola en un país distinto al mío. Aunque compartimos el mismo idioma, al principio entendernos no fue tan fácil. Durante el primer mes muchas veces sentí el choque cultural y la distancia de estar lejos de casa. También fue un desafío enfrentar sola muchas responsabilidades cotidianas. Si bien en Chile ya hacía varias cosas por mi cuenta, allá tuve que asumir una independencia mucho más grande, organizando mi vida diaria, administrando mis finanzas y aprendiendo a resolver todo por mí misma. Sin duda, fue un proceso de mucho crecimiento personal.
En lo académico siento que pude enfrentar la experiencia de muy buena manera. Antes de irme de intercambio, recibí mucho apoyo de parte de mis profesores, especialmente de aquellos con quienes tenía una relación más cercana. Siempre estuvieron dispuestos a ayudarme, compartiéndome material, realizando tutorías online y acompañándome durante el proceso, incluso a la distancia.
Gran parte de la seguridad con la que enfrenté el internado se basó en todo lo aprendido durante mi formación universitaria y en las múltiples retroalimentaciones que recibí en la universidad. Cada corrección, consejo y enseñanza me ayudó a desenvolverme mejor allá y a sentirme preparada para asumir este desafío. Además, para mí era muy importante que todo ese esfuerzo también se reflejara en mi desempeño, porque quería representar de buena manera a mi universidad. Sentía una gran responsabilidad y orgullo de poder mostrar la formación y las herramientas que había adquirido en la Universidad de Playa Ancha”.
-¿Qué es lo que más valoras de esta vivencia?
“Mi internado fue una de las experiencias más significativas y enriquecedoras que he vivido, y hasta hoy la recuerdo con mucho cariño. Haber tenido la oportunidad de realizar mi práctica profesional en otro país me permitió conocer una realidad distinta, especialmente en la manera en que se organiza y funciona el sistema de salud, entendiendo cómo este responde a las necesidades y al contexto social del país.
Desde el momento en que decidí hacer mi internado allá, supe que sería un gran desafío. Aun así, el proceso estuvo siempre acompañado de personas que hicieron que todo fuera más cercano, humano y llevadero.
Tuve el privilegio de contar con el apoyo del terapeuta ocupacional, Andrés Tey, mi docente guía, quien siempre se mostró paciente, atento y comprometido con mi formación. Gracias a sus orientaciones y conversaciones, pude cuestionarme y ampliar mi manera de comprender a les usuaries y la forma de acompañarlos en sus procesos. Junto a Sofía Pontet, también terapeuta ocupacional, me enseñaron desde una perspectiva muy humana, promoviendo la confianza y el empoderamiento del estudiante en su rol como futuro profesional.
Lo que más valoro de esta experiencia fue la calidez con la que fui recibida y la pasión con la que cada profesional ejercía su labor. Aprendí no solo herramientas académicas y clínicas, sino también distintas formas de vivir y ejercer la Terapia Ocupacional, siempre desde el respeto, la empatía y el compromiso con las personas.
Me siento profundamente agradecida de todo el equipo y de los doctores que hicieron de mi pasantía una experiencia inolvidable. También agradezco a cada paciente que confió en mí, que me recibió con cariño y que incluso encontraba curioso mi acento chileno. Sin duda, me llevo un recuerdo muy especial de la calidad humana y profesional que encontré en el Hospital de Clínicas de la Universidad de la República”.
Adoptando un lenguaje neutro
– Mencionaste que aunque compartimos el mismo idioma, darse a entender no fue tan fácil, ¿fue aquello tu mayor desafío cultural?
“Uno de mis mayores desafíos fue adaptar mi forma de hablar. Muchas veces utilizaba modismos y expresiones muy chilenas que las personas allá no entendían, y eso me ocurría incluso con mis usuarios en el hospital. Al principio fue difícil darme cuenta de cuánto influye el lenguaje en la manera en que nos comunicamos y generamos vínculos con otras personas.
Fue algo que tuve que trabajar mucho de manera personal, aprendiendo a expresarme de una forma más clara y neutral para poder comunicarme mejor. Poco a poco fui adaptándome, escuchando más atentamente y modificando ciertas palabras o expresiones para lograr que la comunicación fuera más fluida y cercana.
Aunque parecía algo pequeño, para mí fue un aprendizaje muy importante, porque entendí que la comunicación va mucho más allá de hablar el mismo idioma, también implica comprender las formas culturales de expresarse y relacionarse con los demás”.
“Di lo mejor de mí”
– ¿Cómo cambió tu perspectiva sobre tu propia carrera estando allá?
“Una de las principales razones por las que quería irme de intercambio era reencontrarme con esa Cata que entró a estudiar Terapia Ocupacional llena de motivación y entusiasmo, pero que con el paso de los años y las exigencias del proceso académico fue perdiendo un poco esa conexión con la carrera.
Llegar allá y sentir la responsabilidad de representar tanto a mi carrera como a mi universidad hizo que volviera a empoderarme de mi rol como estudiante y futura terapeuta ocupacional. Esa experiencia en Uruguay me permitió reconectar con el sentido de lo que hago y recordar por qué elegí este camino.
Durante el internado di lo mejor de mí en cada espacio. Me adapté al sistema de trabajo, a las dinámicas del equipo, a la manera de abordar a los usuarios y al funcionamiento del equipo profesional. Poco a poco fui sintiéndome más segura, participando activamente y confiando en las capacidades y herramientas que había desarrollado durante mi formación.
Más que solo una experiencia académica, el intercambio significó un proceso de crecimiento personal y profesional, que me ayudó a recuperar la motivación, la confianza y el amor por la Terapia Ocupacional”.
-¿En qué es diferente la estudiante que se fue a Uruguay a la que regresó?
“Volví siendo una persona mucho más valiente y con una forma distinta de ver la vida. El intercambio me ayudó a confiar más en mis capacidades, a aclarar mis metas y a darme cuenta de que muchas veces el crecimiento ocurre fuera de los espacios cómodos.
También perdí parte del miedo a enfrentar nuevos desafíos y entendí que tengo el potencial para llegar mucho más lejos, tanto en lo personal como en lo profesional”.
-¿Qué le dirías a los estudiantes que no conocen esta posibilidad que brinda la UPLA?
“Los invito a aprovechar estas oportunidades que entrega la Universidad de Playa Ancha y a no tener miedo de salir de su zona de confort. Vivir un intercambio es una experiencia que se disfruta al máximo: todos los días conoces personas increíbles, aprendes algo nuevo y creces muchísimo tanto personal como profesionalmente.
Además, siento que es un privilegio que podemos vivir gracias a la educación pública, y vale completamente la pena aprovecharlo. Si tuviera la oportunidad de repetir esta experiencia, lo haría sin dudarlo.
Al principio todo puede sentirse como incertidumbre, durante el proceso se transforma en disfrute y, al final, queda como un recuerdo que te impulsa a seguir avanzando y a creer que puedes llegar mucho más lejos de lo que imaginabas”.
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