Álvaro García Linera en la UPLA: “Seguiremos viviendo en la suspensión del tiempo hasta que se consolide un nuevo orden”

“Mi preocupación es entender el tiempo presente, las características de los cambios que se están dando en la actualidad. A lo largo de los últimos 30 años trabajé desde distintos ángulos el concepto de tiempo que permiten mostrar las distintas maneras de entender el tiempo en diferentes sociedades, en diferentes momentos para aterrizar en el momento actual las formas sociales del tiempo”.

En casi 60 minutos, el destacado pensador latinoamericano y exvicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, dictó en la Universidad de Playa Ancha la conferencia magistral «Las formas sociales del tiempo histórico», que contó con una atenta y masiva audiencia.

El sociólogo reflexionó sobre cómo las sociedades experimentan y resignifican el tiempo, transitando desde nociones circulares y comunales hasta el tiempo lineal de la modernidad capitalista. Asimismo, profundizó en los «tiempos excepcionales», analizando las dinámicas de las revoluciones y la noción de «tiempo liminal», definido como un periodo de suspensión del tiempo histórico en el que el viejo orden se desploma a cámara lenta sin que exista aún una alternativa consolidada.

Al detallar el tiempo liminal, el conferencista identificó cinco componentes interdependientes que caracterizan la crisis contemporánea: la crisis económica estructural de los modelos de acumulación entendida no como una simple recesión o crisis pasajera de crecimiento, sino como el estancamiento y declive del modelo (fin del ciclo liberal, desarrollista o neoliberal) para seguir expandiendo la economía global.

Otro de los pilares es la parálisis del horizonte predictivo frente al desgaste de la globalización. Se caen los grandes ejes ordenadores de la experiencia colectiva y los principios que guiaban el destino imaginado de la sociedad (como el libre mercado y la globalización sin fronteras). Ante su desgaste, emergen dinámicas contradictorias como el proteccionismo, los aranceles, el nacionalismo económico y una mayor intervención del Estado.

Aparece también la divergencia de las élites y la polarización política tras diluirse el proyecto social compartido, los viejos consensos políticos entre las clases gobernantes se desmoronan. Las élites tradicionales se fragmentan y surgen nuevas propuestas radicales en el espectro político (como la extrema derecha o disidencias de izquierda). Esto genera un sistema polarizado marcado por victorias y derrotas electorales cortas, sin que ningún bloque logre establecer una hegemonía duradera.

Un cuarto componente es el resurgimiento del Estado como un «Leviatán» enfocado en el poder y la seguridad. Ante la pérdida de legitimidad ideológica y la crisis de autoridad, los Estados concentran toda su fuerza económica, política y coercitiva. Desaparecen los discursos de legitimación basados en valores globales (como derechos humanos o democracia) y predomina el «poder desnudo», donde los Estados actúan de forma agresiva para preservar sus áreas de influencia y seguridad regional.

Y finalmente, el ciclo liminal considera la apertura cognitiva, momento en que la sociedad se dispone a adoptar un nuevo sentido común y construir un horizonte de futuro.

Como la sociedad no puede vivir indefinidamente en la incertidumbre, el desasosiego genera un momento en que la gente se vuelve receptiva a modificar su «sentido común». Se abre un espacio de disponibilidad para abandonar viejas creencias y adherirse a nuevas narrativas e ideologías que prometan un horizonte de futuro y certidumbre. Esta cristalización cognitiva señalará el fin del tiempo liminal e impulsará un nuevo ciclo histórico.

En ese contexto, Álvaro García Linera recalcó que el tiempo liminal es un tiempo paradójico y creador. Por una parte, dijo, supone que todas las creencias que dieron certidumbre social, se marchitan y perecen, mueren en medio de la frustración, la apatía y el descrédito general, pero a la vez solo en medio de esa frustración, de ese estupor social es posible el surgimiento de embriones de nuevas creencias que de aquí a unos años habrán de cuestionar y entusiasmar a los nuevos sistemas. 

“Es decir, el tiempo liminal que -por fin se abre en la cabeza de las personas, en el alma social-  (se abre como) un espacio disponible para revocar creencias, apostar al nuevo sentido común y a forjar un nuevo horizonte afectivo (…) En tiempos estables y cuando las cosas funcionan no tienes por qué creer en algo distinto a lo que funciona, solamente cuando las cosas no funcionan, surge la posibilidad mínima de creer en algo distinto, en algo nuevo.

La formación de un nuevo tiempo histórico y un sistema de legitimación política para consolidarse y expandirse requerirá de una reorganización del régimen económico susceptible de recuperar una ruta de crecimiento y expansión sostenible. Si esto sucede en un país periférico, podrá ser una señal de las batallas que se están viviendo a escala global.

Si este nuevo régimen de acumulación acontece en las economías más influyentes, el tiempo liminal habrá concluido y un nuevo orden de acumulación económica y legitimación política se habrá instaurado globalmente, pero eso hoy no sucede todavía. Tal vez lo hará en la siguiente década, pero en tanto seguiremos viviendo la suspensión del tiempo”, concluyó el pensador latinoamericano.

La venida a Valparaíso de Álvaro García Linero fue posible gracias a las gestiones de la decanatura de la Facultad de Humanidades en conjunto con las coordinaciones de los doctorados en Ciencias Sociales y de Educación Consorciado de la Universidad de Playa Ancha. Contó además con el patrocinio del Grupo de Investigación de Pedagogías Latinoamericanas y los proyectos FONDECYT de Iniciación en Investigación 11200265 y de Postdoctorado 3260833.

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