Estudiantes de Nutrición y Dietética fortalecen hábitos de vida saludable en comunidad escolar

La iniciativa “Hábitos de vida saludable en contexto escolar: educación alimentaria situada desde la Antropología en Salud” vinculó a estudiantes de primer año de Nutrición y Dietética con la Escuela Diego Portales Palazuelos de Playa Ancha, mediante sesiones y talleres participativos que abordan la alimentación, el autocuidado y los hábitos saludables desde una perspectiva sociocultural y territorial. El proyecto fue apoyado por el Fondo de Metodologías Activas Situadas (MAS) de la Dirección General de Vinculación con el Medio UPLA.

Comprender que los hábitos alimentarios no dependen únicamente de la información nutricional, sino también de factores familiares, culturales, escolares y territoriales, es uno de los principales propósitos del proyecto desarrollado por estudiantes de primer año de la carrera de Nutrición y Dietética de la Universidad de Playa Ancha, en el marco de la asignatura Antropología en Salud.

La iniciativa se lleva a cabo junto a la comunidad educativa de la Escuela Diego Portales Palazuelos de Valparaíso, ubicada en Playa Ancha, y busca fortalecer la educación alimentaria y los hábitos de vida saludable de niñas y niños, al mismo tiempo que permite al estudiantado universitario aplicar tempranamente los contenidos aprendidos en la asignatura a una realidad concreta.

El trabajo se desarrolla a través de distintas sesiones y talleres participativos, en los que las y los estudiantes de Nutrición y Dietética comparten con los escolares y abordan, mediante actividades educativas y recreativas, aspectos relacionados con la alimentación, el movimiento, el autocuidado y las rutinas saludables. De esta manera, los contenidos de la asignatura se trasladan desde el aula universitaria a un contexto cotidiano, favoreciendo un aprendizaje basado en la experiencia y el vínculo directo con la comunidad escolar.

“Este trabajo aporta a la Escuela Diego Portales Palazuelos en mejorar los índices de desarrollo personal y social, que se relacionan con los hábitos de vida saludable y que, a su vez, se correlacionan directamente con el rendimiento académico”, explica Sebastián Herrera, académico a cargo de la actividad quien agrega que actualmente el establecimiento presenta un puntaje de 70 en estos indicadores, por lo que existen oportunidades de mejora.

En este contexto, el proyecto considera especialmente el caso de cuarto básico, curso que este año rinde el SIMCE. Para el director de la Escuela Diego Portales Palazuelos, Milton Figueroa, el trabajo conjunto con la UPLA permite abordar los distintos factores que inciden en el desarrollo integral de los estudiantes.

“Lo que queremos potenciar no es solamente el ámbito de Lenguaje y Matemática, que es lo académico que mide la prueba, sino también los otros índices de desarrollo, entre ellos, los hábitos de vida saludable”, señala Figueroa, destacando que la colaboración con la carrera de Nutrición y Dietética busca que los escolares comprendan que la alimentación “no solo responde a una necesidad biológica”, sino que también contribuye al bienestar y a la salud mental y física, con beneficios que pueden reflejarse incluso en el ámbito académico.

La experiencia se desarrolla a partir de una estrategia de Aprendizaje Basado en Proyectos, articulada con el trabajo colaborativo junto a la comunidad escolar. Así, los contenidos de las tres unidades de Antropología en Salud — relacionadas con cultura y proceso salud-enfermedad; salud e interculturalidad; y antropología, ciclo vital y género — son llevados a un contexto situado, permitiendo analizar la alimentación, el cuidado y la salud desde una mirada que incorpora la diversidad sociocultural y las características del territorio.

Esta perspectiva permite que las y los estudiantes universitarios comprendan que las prácticas alimentarias y de cuidado se encuentran atravesadas por múltiples factores, y que la promoción de hábitos saludables requiere considerar las particularidades de las personas y de las comunidades. Al mismo tiempo, el vínculo con la escuela permite recoger información y aprendizajes que pueden contribuir al desarrollo de futuras acciones junto a la comunidad educativa.

Para Sebastián Herrera, uno de los principales aportes de la experiencia está precisamente en transformar los contenidos conceptuales en herramientas que puedan ser aplicadas en contextos cotidianos. “El objetivo es generar Metodologías Activas Situadas que permitan un aprendizaje significativo, incorporando una dimensión territorial y vinculándose con un actor territorial como la escuela. Buscamos generar un conocimiento aplicado, y no tan abstracto o conceptual, que pueda ser llevado a una realidad cotidiana como la escuela”, sostiene.

Para las y los estudiantes de Nutrición y Dietética, esta experiencia supone además un acercamiento temprano al ejercicio profesional y al trabajo con comunidades. Fernanda González, estudiante de primer año, destaca la posibilidad de vincularse desde el inicio de su formación con niños y niñas y conocer directamente sus hábitos y experiencias. “Me parece súper interesante para ser de primer año, porque desde el principio nos permite compartir con otros niños y con la comunidad escolar, conocer sus hábitos y pensar cómo podemos ayudarles a fortalecerlos a través de actividades recreativas”, comenta.

Durante las jornadas, la participación de los escolares se desarrolla mediante dinámicas que buscan generar espacios de conversación, juego y reflexión en torno a sus propias experiencias. Para Fernanda, esta metodología también permite adquirir herramientas que podrán ser utilizadas posteriormente en otros contextos educativos. Los niños y niñas, por su parte, participaron activamente de las actividades, compartiendo sus propias ideas y experiencias, convirtiéndose también en protagonistas del proceso de aprendizaje.

La experiencia de la asignatura Antropología en Salud se proyecta así como una instancia de aprendizaje situado que permite a futuros profesionales de Nutrición y Dietética aproximarse tempranamente al trabajo comunitario, comprendiendo que la promoción de la salud requiere integrar conocimientos disciplinares con las características sociales, culturales y territoriales de cada comunidad.