Hay instituciones que no se miden solo en metros cuadrados, presupuestos o publicaciones científicas, sino en los latidos de las personas que les dan vida día a día. Bajo esa premisa, el Servicio de Bienestar del Personal de la Universidad de Playa Ancha (UPLA) convocó a una de las citas más significativas y entrañables del año: un desayuno de reconocimiento para homenajear a quienes, tras una vida dedicada a la institución, cerraron su ciclo laboral para dar paso a una nueva etapa.
La emotiva jornada congregó a nueve funcionarias y funcionarios que pasaron a retiro entre agosto de 2025 y junio de 2026. Más que una despedida tardía, el encuentro funcionó como un reencuentro sanador, un espacio para volver a mirarse a los ojos, abrazarse y confirmar que, aunque las oficinas cambien de ritmo, los lazos tejidos en la universidad permanecen intactos.
La ceremonia contó con la presencia de la directora de Recursos Humanos, Pamela Contreras, y del rector Carlos González Morales, quien dirigió unas palabras profundamente reflexivas sobre lo que significa jubilar en una universidad pública y tradicional como la UPLA.
A pesar de esa distancia inicial del día a día, el rector enfatizó que las puertas siguen abiertas y que la institución busca acompañarlos activamente en este proceso. «La universidad sigue abierta, sigue para todos. Seguimos apoyándonos y queremos acompañarlos en todo aquello que sea necesario», afirmó, recordando que los beneficios de salud, los convenios y las actividades culturales —como las funciones de teatro o los viajes recreativos organizados por la unidad— siguen vigentes para todos ellos, porque continúan siendo parte fundamental de la comunidad universitaria. destacó el rector González.
Durante su intervención, la máxima autoridad universitaria visibilizó la complejidad emocional que implica la jubilación: el tránsito abrupto desde el compromiso diario, las exigencias del trabajo y las urgencias cotidianas hacia un tiempo propio, donde de pronto el teléfono ya no suena con las urgencias de la oficina y la universidad sigue girando como si nada hubiera pasado.
Sin embargo, el rector enfatizó que quienes se jubilan no se van; simplemente cambian de trinchera y continúan siendo parte indiscutible de la comunidad. «Ustedes forman parte de la ciudadanía de la Universidad de Playa Ancha. Son ciudadanos de esta universidad, han aportado y reconocemos su trabajo. Les agradecemos todo lo que hicieron por nosotros», expresó con calidez.
Por su parte, María José Maturana, jefa del Servicio de Bienestar del Personal, explicó el sentido profundo de esta iniciativa colaborativa junto a la Dirección de Recursos Humanos y la Caja de Compensación Los Andes.
«Más que nada es un reconocimiento que como bienestar queremos hacerle a los socios», sostuvo Maturana, detallando que la ceremonia incluyó un desayuno de camaradería, las palabras de las autoridades, un aporte de la caja de compensación en convenio, y la entrega simbólica de un reloj, como testimonio tangible de los años de entrega institucional.
Voces que dejan huella
El momento más íntimo de la jornada estuvo marcado por los testimonios de los propios protagonistas, quienes abrieron el corazón para repasar sus trayectorias y los sentimientos que afloran en este nuevo despertar.
Reinaldo Salazar Espinoza, funcionario de larga trayectoria, rememoró con nostalgia su llegada a la UPLA, contrastándola con experiencias previas en otros planteles de educación superior. En la universidad, aseguró, encontró algo transformador: «Conocí lo que es el amor de colegas, lo que es la pasión por el trabajo». Entre risas y anécdotas sobre los pasillos compartidos y la vida familiar, Reinaldo demostró que su espíritu alegre sigue intacto, encontrando ahora refugio en la música junto a su esposa en el coro de los Padres Carmelitas de Viña del Mar.
A su vez, Ruth Muñoz Rivillo, quien cumplió 39 años de servicio ininterrumpido —el último tiempo desempeñándose con rigor y cariño en la Contraloría de la universidad—, compartió la paz con la que asumió este paso al costado a sus 63 años.
«Yo me quería ir sana, no quería estar enferma», confiesa Ruth, quien ingresó a la institución en 1986. Hoy, su prioridad cambió de eje: regalar tiempo de calidad a sus padres autovalentes de más de 90 años, disfrutar de sus hijos y cultivar el bienestar a través del deporte y el yoga. Pese a su alegría, reconoce que la UPLA fue el escenario primordial de gran parte de su vida: «Quiero mucho a la UPLA, me entregó muchas cosas, aprendí mucho acá».
La jornada concluyó entre risas, tazas de café, abrazos apretados y la certeza compartida de que los pasillos de Playa Ancha guardan para siempre las huellas de su paso. No se trató solo de entregar un presente institucional, sino de honrar la memoria viva de la universidad. Porque en la UPLA, quienes entregan su juventud, su talento y sus mañanas al desarrollo de la educación superior pública nunca se van del todo: simplemente cambian de rutina, pero jamás de casa.
UPLA.cl
Noticias de la Universidad de Playa Ancha Dirección General de Comunicaciones




