Un archivo fotográfico íntimo, imágenes de familia producidas analógicamente en Viña del Mar y su posterior fusión con muebles domésticos antiguos es el punto de partida de la Exposición “Los Latidos del Olvido…”, muestra del académico de la Facultad de Arte de la UPLA, Patricio Caldera Gaete, y que fue expuesta recientemente en la Galería Yala del Barrio República de Santiago.
La propuesta artística presentó en el espacio cultural santiaguino las últimas obras del artista viñamarino, que consisten en un conjunto de pinturas e intervenciones sobre mobiliario doméstico con fotografías análogas, generando con ello una lectura de la memoria como técnica y territorio y el traslado de genealogías privadas desde Viña del Mar hacia Santiago.
Para el curador de la muestra, el licenciado en arte formado en la UPLA, Samuel Toro Contreras, “Los Latidos del Olvido…” es una exposición que no necesita de recursos grandilocuentes para operar con densidad. Le basta con un closet viejo, un tocador intervenido, una máquina de coser y un conjunto de fotos de familia para plantear la pregunta sobre qué hace la materia con el tiempo cuando ya no hay nadie que la use.
“En el borrador curatorial que redacté, ‘Imitaciones transductivas’. Éstas pueden ‘leerse’ como operaciones de transferencia, donde la fotografía no se reproduce ni se amplía, sino que se ‘traslada’ a otro sistema material, activando en ese tránsito nuevas capas de lectura”, agregó.
Asimismo, dijo que “las fotografías de familia que el artista trae de Viña del Mar son retratos de principios de siglo, fotos escolares, grupos deportivos de pueblo donde él jugó, parejas de recién casados. Son imágenes de ‘alta carga indicial’ (en el sentido peirciano). Son documentos de cuerpos que existieron, de relaciones sociales que se dieron, de momentos que alguien sintió o consideró
importantes. Al trasladarlas a la madera y pintarlas encima con esa gestualidad ‘cuasi violenta’, Patricio no las destruye ni las preserva, sino que las ‘prolonga en otro estado’. Y en ese estado intermedio -entre la fotografía y la pintura, entre el documento y la obra, entre el pasado y el presente- es donde reside la productividad documental de su propuesta”.
En síntesis: “La madera no es solo soporte, es ‘contexto histórico activo’, pues esos muebles acumularon décadas de uso antes de que Caldera los interviniese. Las capas de pintura que lo cubren ahora dialogan con las capas de historia que el objeto ya portaba. La memoria familiar se introyecta con la memoria material del mueble, como señalé en el texto de muro, y genera una fantasmagoría que opera en tres pasos técnicos sucesivos e inseparables”, planteó.
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