Silencioso camino al despeñadero

Llama la atención —y es realmente preocupante— que haya desaparecido del debate público el tema de la disminución de docentes. Especialmente porque ese silencio incluye al Estado, que tiene un rol fundamental en la búsqueda de soluciones.

La situación es realmente grave y me atrevo a decir que vamos hacia un despeñadero. La falta de profesores y profesoras ya se lamenta a lo largo de todo Chile, con énfasis en comunas más alejadas de los centros urbanos. También en asignaturas específicas, como Filosofía o algunas ciencias naturales (Física, Química, Biología).

Las causas son múltiples, se han analizado y se han propuesto soluciones. Incluso se han aplicado medidas, pero la tendencia no mejora. Siguen disminuyendo las postulaciones a carreras pedagógicas, que por ese motivo se siguen cerrando, principalmente por parte de universidades que ven la educación como un negocio.

Las universidades estatales no vamos a cerrar carreras solamente porque no sean lucrativas. Pensamos en el desarrollo país, ya que no se trata de autofinanciarse, sino de invertir en las y los ciudadanos, para que tengan todas las competencias necesarias. Dejar de formar docentes en un área tiene repercusiones profundas y de largo alcance. Como ejemplo, supongamos que dejamos de formar un profesor de matemáticas: al no estar, miles de jóvenes no recibirán formación matemática y por lo tanto no tendrán aspiraciones en áreas que la necesiten. Serán miles de personas que jamás se dedicarán a las ciencias, pese a que podrían tener las habilidades necesarias. ¿Qué futuro significa para el país?

Por eso no podemos dejar la educación al arbitrio solamente del mercado. Un solo profesor impacta en miles de estudiantes con derecho a visualizar distintas opciones en su futuro.

El Estado tiene la obligación de impulsar iniciativas. Las universidades ya lo hacemos, a través de propedéuticos, accesos especiales y otras medidas, pero nuestras atribuciones son limitadas. Se necesitan acciones más potentes, con alcance estratégico de largo plazo, que deben venir del Ministerio de Educación.

Tomemos el caso del puntaje de acceso a las carreras pedagógicas. El año pasado, a última hora, se generó debate sobre un aumento en este requisito, pues se traduciría en menor interés por esas carreras. Se mantuvieron las condiciones y, como temíamos, el ingreso a pedagogías cayó 17,5%. Este año volverá a subir el puntaje necesario para postular y estimamos que la caída se acercará al 30%.

¿Queremos llegar a un momento en que no haya profesoras o profesores? El Ministerio de Educación debe revisar con énfasis la problemática y buscar soluciones. Lo primero sería entregar herramientas a las propias universidades que tienen facultades de educación, para que puedan intervenir. Por supuesto, también debe estimular el ingreso de nuevos estudiantes, creando condiciones para que puedan desarrollar su vocación.

Este tema debe discutirse permanentemente y buscar herramientas para cambiar lo que está ocurriendo. Sabemos cuál será el resultado si no actuamos.

 

Carlos González Morales
Rector Universidad de Playa Ancha

Fuente: columna de opinión publicada en El Mercurio de Valparaíso, sábado 11 de julio de 2026 (acceso para suscriptores).

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