Si nos amarran las manos

El Consejo de Rectores de Valparaíso (CRUV), que tengo el honor de presidir este año, se ha propuesto revitalizar la promesa histórica de una ciudad y una región universitaria. Un objetivo ambicioso, pues no se trata de contar con más campus y recintos. Apuntamos a generar un impacto positivo en la ciudadanía de nuestros territorios que sea integral, multiforme, para poner el concepto de buen vivir al alcance de cada persona.

Es cierto que ya logramos un impacto positivo gracias a nuestra principal función, la formadora, que cada año beneficia a casi doscientas mil personas, si contamos a los estudiantes de las cuatro universidades del CRUV y a sus familiares más cercanos. Pero aspiramos a llegar a millones de personas, dándoles una mejor calidad de vida.

No hablamos solamente del aspecto productivo o económico. Un ejemplo claro es todo lo relativo al arte, la cultura, la memoria o el patrimonio. Las universidades juegan un importante papel, con actividades de alto nivel como conciertos, exhibiciones, obras de teatro y muchas otras. Todas ellas gratuitas y a veces en los propios territorios, lo que habla de democratización y de participación social.

Destaco la participación en los elencos universitarios de estudiantes, que tienen una oportunidad de relacionarse directamente con los territorios antes de egresar, y que los públicos estén formados principalmente por jóvenes y adultos mayores, sectores vulnerables que así dan valor a su tiempo libre.

Más fácil de relacionar con las universidades es la investigación científica. Aunque evoca imágenes de laboratorios asépticos, en realidad depende mucho del trabajo en terreno, de la relación directa con territorios y personas, especialmente cuando se trata de estudiantes o jóvenes investigadores que inician su carrera. En esta interacción descubren los problemas reales de los territorios, a los cuales aplicarán sus conocimientos en busca de soluciones.

Hay un punto en común entre estas dos facetas de la labor universitaria, la cultura y la investigación: ambas viven momentos de incertidumbre debido a la falta de financiamiento. En general, el Estado solo apoya la labor formativa, dejando otros aspectos sujetos a la eventualidad de fondos concursables o al esfuerzo presupuestario de las propias universidades.

Por ejemplo, tenemos el Aporte para el Desarrollo de Actividades de Interés Nacional (ADAIN), del Ministerio de Educación, que financia proyectos de vinculación con el medio y extensión universitaria. Termina este año. O los Fondos de Interés Regional (FIR), otorgados por los gobiernos regionales para financiar proyectos sociales, culturales, de desarrollo comunitario y de interés público. Se quedaron sin financiamiento.

Es fundamental contar con fondos basales, que sean accesibles y permanentes, para desarrollar investigación y actividades culturales desde las universidades sin afectar los fondos propios para el desarrollo del pregrado.

Si no existen fondos basales para cultura e investigación, las universidades se verán obligadas a reducir su acción, cuando lo que queremos es lo contrario: llevar a los territorios reflexión, diálogo, participación para lograr una mirada estratégica de la región.

Así, se hace más complejo que podamos ser considerados nuevamente como una ciudad universitaria.

 

Carlos González Morales
Rector Universidad de Playa Ancha

 

Fuente: columna publicada en El Mercurio de Valparaíso, domingo 21 de junio de 2026 (acceso para suscriptores).

 

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